Meditación Lucas 6,36-38: Lunes Segunda Semana de Cuaresma. Ciclo A 17 de marzo, 2014.


Meditación Lucas 6,36-38: Lunes Segunda Semana de Cuaresma. Ciclo A

17 de marzo, 2014.

 

Se nos invita a ser compasivos según la misericordia de Dios

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá»” (Lucas 6,36-38).

 

1. Señor, nos invitas a hacer las cosas como Dios: «sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». «Misericordiosos», como Dios es «misericordioso» con nosotros: él nos perdona, toma la miseria y la comprende, la entiende, pero para eso quiere  que yo perdone a los demás, los comprenda, sea compasivo, y así todo irá bien. Así siempre tendremos “gracia de Dios”, no seremos “desgraciados”, porque el pecado es la pérdida de la gracia. Y la pérdida de la gracia es la auténtica des-gracia. ¿Cómo me comporto ante las necesidades de los demás? ¿Me mueven a intentar aportar lo que esté en mi mano, o me dejan indiferente pensando que, en el fondo, es su problema? ¿Me doy cuenta de que mi trabajo o mi estudio bien hecho es la forma habitual que tengo para colaborar con las necesidades de la sociedad y de los que me rodean?

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados”. Qué fácil es criticar, murmurar, hablar mal de alguien, sin pensar en los motivos, o las presiones, o la ignorancia, o la flaqueza, o el carácter, o muchos otros elementos de juicio que no tengo y que sólo Tú, Señor, conoces en el corazón de cada persona, sus problemas, sus circunstancias… y ¡qué difícil es arreglar el daño hecho por la murmuración! Puedo hablar con otra persona, para desahogarme  (lo justo) y para pedir consejo y ver cómo actuar, con una crítica constructiva que lleve a corregir a esa persona, por amor, no por celo amargo (P. Cardona): «No admitas un mal pensamiento de nadie, aunque las palabras u obras del interesado den pie para juzgar así razonablemente» (J. Escrivá, Camino 442).

“Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá». A veces me cuesta dar, Señor, y soy muy roñoso con mis cosas, con mi tiempo, con mis ambiciones. No sé dar, no sé darme. Me doy cuenta de que esta actitud me empequeñece el corazón y, por eso, me hace incapaz de recibir tus dones.

En cambio, cuando soy generoso contigo y con los demás, recibo más que lo poco que tenía para dar: «Echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante.» Jesús, Tú eres más generoso que yo. Yo doy uno y Tú devuelves ciento. Que no quiera quedarme con este uno: con mis planes, con mi futuro. Que sepa dejarlo todo en tus manos, para lo que Tú quieras, para lo que haga falta. Yo te quiero servir en medio de mi vida corriente; quiero darte lo poco que tengo, por amor a Ti. No lo hago para recibir, sino porque Tú me lo pides; pero sé muy bien que Tú siempre me pagas con creces -ya en esta vida- todo lo que haga por Ti y por los demás.

Tal como hacemos se hará con nosotros: «la medida que uséis, la usarán con vosotros». Es lo que nos enseñó a pedir en el Padrenuestro: «perdónanos… como nosotros perdonamos». Me gustan mucho las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y Corazón de María, y la Divina Misericordia que dijo el Señor a Santa Faustina, que tan devoto era Juan Pablo II, también polaco como ella, y que el día que murió iba a decir su discurso ya preparado recordando que Jesús liberaba “a la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y vuelve a abrir el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia!”.  Es una devoción sencilla, como la del Sagrado Corazón. En el Sagrado Corazón pedimos: “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”. En la divina misericordia todavía es más corta la jaculatoria: “Jesús, en ti confío”.

“Señor, que con tu muerte y resurrección revelas el amor del Padre, nosotros creemos en ti y con confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en Ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.  La mejor manera de participar de este tesoro es desde el corazón de la Virgen: “contemplar con los ojos de María, el inmenso misterio de este amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo.”

Antes se decía “ojo por ojo”, si me has dado una bofetada te doy otra, pero Jesús nos enseña la “ley del talión al revés”, devolver bien por mal, “poner amor donde no hay amor para sacar amor”, ya decía Gandhi que el “ojo por ojo” nos dejaría a todos ciegos, y que la solución del mundo es seguir la ley de Jesús. El perdón es lo más divino, es parecerse a Dios. Ser bueno “sin medida”, como Dios. –“Sed misericordiosos…” Es una palabra difícil de explicar: -Compartid las penas de los demás… -Sed indulgentes… -Dejaos conmover… -Excusad… -Participad en las tribulaciones de vuestros hermanos… -Olvidad las injurias… -Sed sensibles… -No guardéis rencor… -Tened buen corazón… –“Así como también vuestro Padre es misericordioso.” “Dios es amor”, “Dios es misericordia.” Y hemos de ser “imagen de Dios” para realizarnos, sentirnos felices: Tú esperas, Señor, que yo me parezca a ti, que sea el representante de tu amor cerca de mis hermanos. Ser el corazón de Dios, ser la mano de Dios… ser “como si” estuviese Dios presente cerca de fulanito… Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de recibir con amor la Vida que Dios nos ofrece.  María, madre de los dolores, ayúdame a perdonar a los demás, que me duelan más las cosas que hago a los demás y me duelan menos las que me hacen, llorar un poco más mis pecados y menos los de los demás, “quererlos” un poco más y “quererme” un poco menos.

2. El profeta Daniel dice que hizo esta oración al Señor: “¡Ah, Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos! Nosotros hemos pecado, hemos cometido el mal, hemos sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas. No hemos escuchado a los profetas, que en tu nombre hablaban a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres… A ti, Señor, la justicia; a nosotros la vergüenza en el rostro… Y al Señor Dios nuestro, la piedad y el perdón…” El hombre, muchas veces, prefiere apartarse de la protección divina e irse por su cuenta, y Daniel siente la carga de pecado y la traición de los hombres de su pueblo, y esto nos pasa cuando no escuchamos la voz de la conciencia, de nuestro corazón, no obedecemos a los que nos hablan de parte de Dios. Recuerdo un niño que se enfadó en su casa y no quería obedecer, y dando un portazo se fue: “¡me voy de casa!”, gritó. Fue por la calle, a jugar con los amigos, a hacer “el burro”, pero al pasar las horas los amigos fueron a sus casas a cenar, se hacía de noche… y él sintió hambre, y frío… y pensó en qué podía hacer, y se le pasó el enfado, y volvió a pedir perdón, y su madre le abrazó, porque estaba preocupada por él.

Cuando estamos enfadados vemos como con gafas negras, recuerdo que al ir en coche en verano yo me ponía gafas de sol y luego al entrar en un túnel no veía nada y pensaba “esto está muy oscuro, ¡qué raro!” hasta que caía en la cuenta de que era porque llevaba gafas oscuras, y por esto lo veía todo oscuro. Un ojo enfermo deforma la realidad, nos engaña. Vemos a los demás con el color que los miramos… Una mujer llegó con su familia a un piso nuevo, y veía por la ventana a la vecina tender la ropa y pensaba “qué sucia tiene la ropa la vecina, habrá que decirle algo”, y así un día y otro, hasta que su marido limpió los cristales de la ventana, y vio que la vecina tendía la ropa limpia, pero eran los vidrios de la ventana desde donde miraba que estaban sucios, si miramos mal las cosas las personas nos parecerán llenas de maldad. Empezamos la segunda semana de la Cuaresma con una oración de Daniel sincera: «hemos pecado… Dios grande, que guardas la alianza y el amor a los que te aman… Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón».

Hoy le pedimos a Jesús luz para nuestra conciencia, para ir por el buen camino, y cantamos al comenzar: “Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el buen camino”.

3. Con el Salmo cantamos confiados: «Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados… que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados… nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos siempre tus alabanzas». Un niño de unos nueve años, un domingo recuerda a su padre que hay que ir a misa. -Hoy no vamos – dice el padre-. Yo tengo otras cosas que hacer.

-Pero, papá, -insiste el niño- es que hoy tenemos obligación de ir. Lo manda el tercer Mandamiento de la Ley de Dios.

-No te preocupes. Eso no tiene importancia. Ya iras otro día. El pequeño se calla. Pero al poco rato interviene de nuevo:

-Oye papá, si el tercer Mandamiento no tiene importancia, el cuarto aún debe importar menos (Agustín Filgueiras Pita). Pedimos en la colecta de hoy: «Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado, y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa Ley».

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

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Lectio Divina: Lunes Segunda Semana de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.


Lectio Divina: Lunes Segunda Semana de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.

LECTIO DIVINA: LUCAS 6,36-38

 

1) ORACIÓN INICIAL

 

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad; ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor.

 

2) LECTURA

 

Del santo Evangelio según Lucas 6,36-38

«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»

 

3) REFLEXIÓN

 

• Los tres breves versículos del Evangelio de hoy (Lc 6,36-38) constituyen la parte final de un breve discurso de Jesús (Lc 6,20-38). En la primera parte de este discurso, él se dirige a los discípulos (Lc 6,20) y a los ricos (Lc 6,24) proclamando para los discípulos cuatro bienaventuranzas (Lc 6,20-23), y para los ricos cuatro maldiciones (Lc 6,20-26). En la segunda parte, se dirige a todos los que lo escuchan (Lc 6,27), a saber, aquella multitud inmensa de pobres y enfermos, venida de todos los lados (Lc 6,17-19). Las palabras que dice a esta multitud y a todos nosotros son exigentes y difíciles: amar a los enemigos (Lc 6,27), no maldecir (Lc 6,28), ofrecer la otra mejilla a los que te golpean la cara y no reclamar cuando alguien toma lo que es nuestro (Lc 6,29). ¿Cómo entender estos consejos tan exigentes? La explicación nos la dan tres versículos del evangelio de hoy, de donde sacamos el centro de la Buena Nueva que Jesús vino a traernos.

• Lucas 6,36: Ser misericordioso como vuestro Padre es misericordia. Las bienaventuranzas para los discípulos (Lc 6,20-23) y las maldiciones contra los ricos (Lc 6,24-26) no pueden ser interpretadas como una ocasión para que los pobres se venguen de los ricos. Jesús manda tener la actitud contraria. Y dice:”¡Amad a vuestros enemigos!” (Lc 6,27). La mudanza o la conversión que Jesús quiere realizar en nosotros no consisten en algo superficial solamente para invertir el sistema, pues así nada cambiaría. El quiere cambiar el sistema. La Novedad que Jesús quiere construir viene de la nueva experiencia que tiene de Dios como Padre/Madre lleno de ternura que acoge a todos, buenos y malos, que hace brillar el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos (Mt 5,45). El amor verdadero no depende de lo que yo recibo del otro. El amor debe querer el bien del otro independientemente do lo que él o ella hacen por mí. Pues así es el amor de Dios por nosotros. El es misericordioso no solamente para con los buenos, sino para con todos, hasta “con los ingratos y con los malos” (Lc 6,35). Los discípulos y las discípulas de Jesús deben irradiar este amor misericordioso.

• Lucas 6,37-38: No juzgad y no seréis juzgados. Estas palabras finales repiten de forma más clara lo que él había dicho anteriormente: “Así, pues, tratad a los demás como queréis que ellos os traten” (Lc 6,31; cf. Mt 7,12). Si no deseas ser juzgado, ¡no juzgues! Si no deseas ser condenado, ¡no condenes! Si quieres ser perdonado, ¡perdona! No te quedes esperando hasta que el otro tome la iniciativa, ¡tómala tú la iniciativa y comienza ya! Y verás que todo esto ocurre.

 

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

• La Cuaresma es tiempo de conversión. ¿Cuál es la conversión que el evangelio de hoy me pide?

• ¿Has procurado ser misericordioso como el Padre del cielo es misericordioso?

5) ORACIÓN FINAL

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por amor de la gloria de tu nombre;
líbranos, borra nuestros pecados,
por respeto a tu nombre. (Sal 79,9)

 

 Fuente: www.ocarm.org

LECTURAS LUNES SEGUNDA SEMANA TIEMPO DE CUARESMA. CICLO A. 17 DE MARZO, 2014.


LECTURAS LUNES SEGUNDA SEMANA TIEMPO DE CUARESMA. CICLO A. 17 DE MARZO, 2014.

San Patricio
obispo

    Patricio nació en Gran Bretaña hacia el año 385. Muy joven fue llevado cautivo a Irlanda y obligado a cuidar ovejas. Recobrada su libertad, se hizo monje y fue consagrado obispo en Irlanda.
    Hombre de oración y de una austeridad asombrosa, tenía también un gran sentido práctico que le permitió adaptar su apostolado a las condiciones políticas y sociales de los Celtas.
    Murió el año 461, cerca de Down, llamado en su honor Downpatrick. Es el patrono de Irlanda

Nosotros hemos pecado, hemos faltado

Lectura de la profecía de Daniel    9, 4b-10

¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos!
Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país.
¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti.
¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! ¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.

Palabra de Dios.

SALMO    Sal 78, 8-9. 11. 13

R. ¡No nos trates según nuestros pecados, Señor!

No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos. R.

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre. R.

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,
preserva con tu brazo poderoso
a los que están condenados a muerte. R.

Y nosotros, que somos tu pueblo
y las ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias para siempre,
y cantaremos tus alabanzas
por todas las generaciones. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO    Cf. Jn 6, 63c. 68c

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO

Perdonen y serán perdonados

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    6, 36-38

Jesús dijo a sus discípulos:
«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

Palabra del Señor.

 Comentario:   

Hoy, el Evangelio de Lucas nos proclama un mensaje más denso que breve, ¡y eso que es muy breve! Lo podemos reducir a dos puntos: un encuadramiento de misericordia y un contenido de justicia.

En primer lugar, un encuadramiento de misericordia. En efecto, la consigna de Jesús sobresale como una norma y resplandece como un ambiente. Norma absoluta: si nuestro Padre del cielo es misericordioso, nosotros, como hijos suyos, también lo hemos de ser. Y el Padre, ¡es tan misericordioso! El versículo anterior afirma: «(…) y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos» (Lc 6,35).

En segundo lugar, un contenido de justicia. En efecto, nos encontramos ante una especie de “ley del talión” en las antípodas de (inversa a) la rechazada por Jesús («Ojo por ojo, diente por diente»). Aquí, en cuatro momentos sucesivos, el divino Maestro nos alecciona, primero, con dos negaciones; después, con dos afirmaciones. Negaciones: «No juzguéis y no seréis juzgados»; «No condenéis y no seréis condenados». Afirmaciones: «Perdonad y seréis perdonados»; «Dad y se os dará».

Apliquémoslo concisamente a nuestra vida de cada día, deteniéndonos especialmente en la cuarta consigna, como hace Jesús. Hagamos un valiente y claro examen de conciencia: si en materia familiar, cultural, económica y política el Señor juzgara y condenara nuestro mundo como el mundo juzga y condena, ¿quién podría sostenerse ante el tribunal? (Al volver a casa y leer el periódico o al escuchar las noticias, pensamos sólo en el mundo de la política). Si el Señor nos perdonara como lo hacen ordinariamente los hombres, ¿cuántas personas e instituciones alcanzarían la plena reconciliación?

Pero la cuarta consigna merece una reflexión particular, ya que, en ella, la buena ley del talión que estamos considerando deviene de alguna manera superada. En efecto, si damos, ¿nos darán en la misma proporción? ¡No! Si damos, recibiremos —notémoslo bien— «una medida buena, apretada, remecida, rebosante» (Lc 6,38). Y es que es a la luz de esta bendita desproporción que somos exhortados a dar previamente. Preguntémonos: cuando doy, ¿doy bien, doy mirando lo mejor, doy con plenitud?

www.evangeli.net (Comentario)

Evangelio Lunes Segunda Semana Tiempo de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.


Evangelio Lunes Segunda Semana Tiempo de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.

Santo del Día: San Patricio, Obispo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    6, 36-38
Gloria a ti, Señor 
  
Jesús dijo a sus discípulos:
«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

Palabra del Señor.

 Comentario:   

Hoy, el Evangelio de Lucas nos proclama un mensaje más denso que breve, ¡y eso que es muy breve! Lo podemos reducir a dos puntos: un encuadramiento de misericordia y un contenido de justicia.

En primer lugar, un encuadramiento de misericordia. En efecto, la consigna de Jesús sobresale como una norma y resplandece como un ambiente. Norma absoluta: si nuestro Padre del cielo es misericordioso, nosotros, como hijos suyos, también lo hemos de ser. Y el Padre, ¡es tan misericordioso! El versículo anterior afirma: «(…) y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos» (Lc 6,35).

En segundo lugar, un contenido de justicia. En efecto, nos encontramos ante una especie de “ley del talión” en las antípodas de (inversa a) la rechazada por Jesús («Ojo por ojo, diente por diente»). Aquí, en cuatro momentos sucesivos, el divino Maestro nos alecciona, primero, con dos negaciones; después, con dos afirmaciones. Negaciones: «No juzguéis y no seréis juzgados»; «No condenéis y no seréis condenados». Afirmaciones: «Perdonad y seréis perdonados»; «Dad y se os dará».

Apliquémoslo concisamente a nuestra vida de cada día, deteniéndonos especialmente en la cuarta consigna, como hace Jesús. Hagamos un valiente y claro examen de conciencia: si en materia familiar, cultural, económica y política el Señor juzgara y condenara nuestro mundo como el mundo juzga y condena, ¿quién podría sostenerse ante el tribunal? (Al volver a casa y leer el periódico o al escuchar las noticias, pensamos sólo en el mundo de la política). Si el Señor nos perdonara como lo hacen ordinariamente los hombres, ¿cuántas personas e instituciones alcanzarían la plena reconciliación?

Pero la cuarta consigna merece una reflexión particular, ya que, en ella, la buena ley del talión que estamos considerando deviene de alguna manera superada. En efecto, si damos, ¿nos darán en la misma proporción? ¡No! Si damos, recibiremos —notémoslo bien— «una medida buena, apretada, remecida, rebosante» (Lc 6,38). Y es que es a la luz de esta bendita desproporción que somos exhortados a dar previamente. Preguntémonos: cuando doy, ¿doy bien, doy mirando lo mejor, doy con plenitud?

www.evangeli.net (Comentario)

                                                              

               

 

Liturgia de las Horas. Lunes Segunda Semana Tiempo de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.


Liturgia de las Horas. Lunes Segunda Semana Tiempo de Cuaresma. Ciclo A. 17 de marzo, 2014.

Del propio: Salterio II

 (OFICIO DE LECTURA (Hora más conveniente); LAUDES (Entre 6:00 y 10:00); TERCIA (9:00 y 12:00); SEXTA (12:00 y 15:00); NONA (15:00 y 18:00); VÍSPERAS (19:00 y 22:00); COMPLETAS (Justo antes de ir a acostarse)

INVITATORIO

Si Laudes es la primera celebración del día:
    V. Señor, abre mis labios.
    R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

    A continuación se dice el salmo Invitatorio, con la antífona:
    Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

El salmo 94 (puede substituirse por el salmo 99, 66 o 23. En tal caso, si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.)

Cuando el Oficio es recitado por una sola persona, no es necesario repetir la antifona del Invitatorio después de cada estrofa; basta con que se diga una sola vez antes de empezar el salmo.

Salmo 94
Invitación a la alabanza divina

Animaos unos a otros, día tras día, mientras perdura el hoy (Hb 3,13)
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite:

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona
 
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Mása en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
 
Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona


Salmo 99
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite:

 
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Se repite la antífona
 
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Se repite la antífona

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Se repite la antífona

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona


Salmo 66 
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite:

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Se repite la antífona

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Se repite la antífona

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Se repite la antífona

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona


Salmo 23 
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo (S. Ireneo)

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite:

 Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Se repite la antífona

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Se repite la antífona
 
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Se repite la antífona

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia. Dios de Jacob.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

Se repite la antífona

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme.
        Gloria.

 

LECTURA – LAUDES – MEDIA – VÍSPERAS – COMPLETAS

 

Oficio de lectura

HIMNO

Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al consuelo tan dormida;

esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no halle entrada ni salida;

ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,

de que me han de librar esos tus brazos
que para recibirme están abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.

SALMODIA

Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.

Salmo 30, 2-17. 20-25
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Le 23, 46)

I

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en un camino ancho.

Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.

Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

II

Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.

Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.

III

¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.

Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada.

Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.

Sed fuertes y valientes de corazón 
los que esperáis en el Señor.

Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.

V. Convertíos y creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el reino de Dios.

PRIMERA LECTURA

Año I:

Del libro del Deuteronomio     24, 1-25, 4

PRECEPTOS REFERENTES AL PRÓJIMO

    En aquellos días. dio Moisés al pueblo estas normas:
    «En el caso de un hombre que se casa con una mujer y consuma su matrimonio, pero a quien luego esta mujer deja de gustar, porque descubre en ella algo que le desagrada, y le redacta y entrega el acta de divorcio y la despide de su casa, si esta mujer, después de marcharse, se casa con otro hombre y éste, a su vez, llega a cobrarle aversión y le redacta y entrega el acta de divorcio y la despide de su casa, o bien si muere este segundo marido, entonces, el primero no podrá volver a tomarla por mujer, pues ella está contaminada. Sería una abominación ante el Señor: no eches un pecado sobre la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad.
    Si uno está recién casado, no está obligado al servicio militar, ni a otros trabajos públicos; tendrá un año de licencia para hacer gozar a la mujer con quien se ha casado.
    No tomarás en prenda las dos piedras de un molino, ni siquiera la muela, porque sería tomar en prenda una vida.
    Si se descubre que alguien ha secuestrado a un hermano suyo israelita, para explotarlo o venderlo, el secuestrador morirá; así extirparás la maldad de en medio de ti.
    En caso de lepra, cumplid con todo cuidado las instrucciones de los sacerdotes levitas: cumplid lo que yo les he mandado. Recuerda lo que hizo el Señor, tu Dios, con María cuando saliste de Egipto.
    Si haces un préstamo cualquiera a tu hermano, no entres en su casa a recobrar la prenda; espera afuera, y el prestatario saldrá a devolverte la prenda. Y, si es pobre, no te acostarás sobre la prenda; se la devolverás a la caída del sol, y así él se acostará sobre su manto y te bendecirá, y habrás hecho una buena acción a los ojos del Señor, tu Dios.
    No defraudes al jornalero pobre y necesitado, sea hermano tuyo o forastero que viva en tu. tierra o en tu ciudad; cada jornada le darás su jornal, antes que el sol se ponga, porque está necesitado y para vivir necesita de su salario. Así no clamará al Señor contra ti, y tú no cargarás con un pecado.
    No serán ejecutados los padres por culpas de los hijos, ni los hijos por culpas de los padres: cada uno será ejecutado por su propio pecado.
    No defraudarás el derecho del forastero y del huérfano, ni tomarás en prenda las ropas de la viuda: recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que allí te redimió el Señor, tu Dios: por eso yo te mando hoy cumplir este precepto.
    Cuando siegues la mies de tu campo, si se te queda en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla: déjasela al forastero, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no vuelvas para hacer el rebusco en las ramas: déjaselas al forastero, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no hagas el rebusco de los racimos: déjaselos al forastero, al huérfano y a la viuda. Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto: por eso yo te mando hoy cumplir esta ley.
    Cuando dos hombres tengan algún litigio, vayan al tribunal, para que se haga juicio entre ellos y se absuelva al inocente y se condene al culpable. Si el culpable merece azotes, el juez lo hará tenderse en tierra y, en su presencia, le darán los azotes que merezca su delito. Le podrán dar hasta cuarenta, pero no más, no sea que, al golpearlo más, resulte excesivo el castigo y tu hermano quede envilecido a tus ojos.
    No le pongas bozal al buey que trilla.»

Responsorio     Cf. Mc 12, 32-33; Sir 35, 4-5

R. Maestro, tienes razón al decir que Dios es único y que que hay que amarlo con todo el corazón, y * amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
V. Dar limosna equivale a ofrecer sacrificios de alabanza; apartarse del mal es complacer al Señor.
R. Amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Año II:

Del libro del Exodo     14, 10-31

PASO DEL MAR ROJO

    En aquellos días, cuando se acercaba el Faraón al campamento de Fehirot, los hijos de Israel levantaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos; el temor los invadió y clamaron al Señor. Dijeron a Moisés:
    «¿No había suficientes sepulcros en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Para qué nos has sacado de Egipto? ¿No te lo decíamos allá claramente: “Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto”?» Moisés respondió al pueblo:
    «No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros sin que vosotros tengáis que preocuparos.» El Señor dijo a Moisés:
    «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Tú alza tu cayado y extiende tu mano sobre el mar y se abrirá en dos, de modo que los israelitas puedan atravesarlo como por tierra firme.
    Yo haré que el Faraón se empeñe en entrar detrás de vosotros y mostraré mi gloria derrotando al Faraón y a su ejército, a sus carros y jinetes; para que sepa Egipto que yo soy el Señor, cuando muestre mi gloria derrotando al Faraón con sus carros y jinetes.» El ángel de Dios que caminaba delante de las huestes de Israel se levantó y pasó a su retaguardia; la columna de nubes que estaba delante de ellos se puso detrás, colocándose entre el campamento egipcio y el campamento israelí; la nube se oscureció y la noche quedó tenebrosa, de modo que los egipcios no pudieron acercarse a los hijos de Israel en toda la noche.
    Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este que secó el mar y las aguas se dividieron en dos.
    Los hijos de Israel entraron por el mar como por tierra firme, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y entraron detrás de ellos por el’ mar, con los caballos del Faraón, sus carros y sus guerreros.
    A la vigilia matutina, volvió Dios la mirada desde la columna de fuego y humo hacia el ejército egipcio y sembró en él el pánico. Hizo que las ruedas de los carros se trabasen unas con otras, de modo que sólo muy penosamente avanzaban. Los egipcios exclamaron entonces:
    «Huyamos de Israel, porque el Señor combate por él contra Egipto.» Pero Dios dijo a Moisés:
    «Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas se reunirán sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.» y Moisés extendió su mano sobre el mar, y, al despuntar el día, el mar recobró su estado ordinario y los egipcios en fuga se vieron frente a las aguas, y así arrojó Dios a los egipcios en medio del mar, pues las aguas, al reunirse, cubrieron carros, jinetes y todo el ejército del Faraón que había entrado en el mar en seguimiento de Israel, y no escapó ni uno solo. Pero los hijos de Israel caminaban sobre tierra seca por en medio del mar. Las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
    Aquel día libró Dios a Israel de los egipcios, cuyos cadáveres vio Israel en las orillas del mar. Israel vio la mano potente que mostró Dios contra Egipto, y el pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés su siervo.

Responsorio     Ex 15, 1. 2. 3

R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar; * mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. 
V. El Señor es un guerrero, su nombre es «El Señor».
R. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

SEGUNDA LECTURA

De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo

(Catequesis 3, 24-27: SC 50, 165-167)

MOISÉS y CRISTO

    Los judíos vieron maravillas; también tú las verás, y más grandes y sorprendentes que cuando los judíos salieron de Egipto. Tú no viste sumergirse al Faraón con su ejército, pero has visto al diablo con todo su poder cubierto por las olas. Los judíos atravesaron el mar Rojo; tú has atravesado ,el dominio de la muerte. Ellos fueron liberados de Egipto; tú has sido liberado de los demonios. Los judíos escaparon de la esclavitud en país extranjero; tú has escapado de la esclavitud, mucho más triste, del pecado.
    ¿Quieres aún más pruebas de que has sido honrado con dones mayores? Los judíos, entonces, no pudieron contemplar el rostro glorificado de Moisés, a pesar de que era consiervo y congénere suyo; tú, en cambio, has contemplado la gloria del rostro de Cristo. Y el apóstol Pablo afirma: Todos nosotros reflejamos como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor.
    Ellos tenían entonces a Cristo que los seguía; pero, de un modo mucho más real, nos sigue ahora a nosotros. Pues entonces el Señor los acompañaba en atención a Moisés, pero ahora os acompaña no sólo en atención a Moisés, sino por vuestra obediencia. Ellos, al salir de Egipto, encontraron el desierto; tú, al salir de este mundo, encontrarás el cielo. Ellos tuvieron como guía e ilustre caudillo a Moisés; pero nosotros tenemos como guía y caudillo al otro Moisés, que es Dios mismo.
    ¿Cuál fue la nota distintiva del primer Moisés? Moisés -dice la Escritura- era el hombre más humilde del mundo. Esta característica se la podemos atribuir, sin temor a equivocarnos, a nuestro Moisés, ya que en él moraba íntima y consubstancial mente el Espíritu suavísimo. Entonces, Moisés, alzando las manos al cielo, hacía caer el maná, pan de ángeles; nuestro Moisés alza las manos al cielo y nos proporciona el alimento eterno. Aquél golpeó la roca e hizo salir torrentes de agua; éste toca la mesa, golpea la mesa espiritual y hace manar las fuentes del Espíritu. Por esto la mesa está situada en medio, cual una fuente, para que los rebaños acudan a la fuente desde todo lugar y beban de sus aguas salvadoras.
    Disponiendo, pues, de una fuente tal, de una mesa abastecida con tal abundancia de alimentos de toda clase, de tanta abundancia de bienes espirituales, acerquémonos con un corazón sincero y una conciencia pura, para que alcancemos gracia y misericordia en el tiempo oportuno: la gracia y la misericordia del Hijo único, nuestro Señor y salvador Jesucristo, por el cual y con el cual sea la gloria, el honor y el poder al Padre y al Espíritu dador de vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Responsorio     Hb 11, 24-27a

R. Por la fe Moisés, siendo ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija del Faraón, y prefirió sufrir males con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas pasajeras del pecado; * pues tenía la mirada puesta en la recompensa.
V. Tuvo por mayor riqueza el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, y así, por la fe, abandonó Egipto.
R. Pues tenía la mirada puesta en la recompensa.

La oración conclusiva como en las Laudes.

CONCLUSIÓN

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Laudes

HIMNO

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo precio que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos a vuestro leño
y tendréisme seguro con tres clavos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Salmo 41
DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO

El que tenga sed y quiera, que venga a beber el agua de la vida (Ap 22, 17)

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
“¿Dónde está tu Dios?”

Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío.”

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el Hermón 
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Cántico    Sir 36, 1-7. 13-16
SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. (Jn 17, 3)

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos,
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad 
y al templo, de tu gloria.

Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

Nos visitará el sol que nace de lo alto… para guiar nuestros pasos por el caminode la paz. (Lc 1,78-79)

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA BREVE     Ex 19, 4-6a

Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

RESPONSORIO BREVE

V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.:  «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre», dice el Señor.

Cántico de Zacarías     Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Ant.: «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre», dice el Señor.

PRECES

Alabemos a Dios, nuestro Padre, que nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal, y supliquémosle, diciendo:

      Ilumínanos, Señor, con tu palabra.

Dios todopoderoso y compasivo, concédenos el espíritu de oración y de penitencia,
      y danos un verdadero deseo de amarte a ti y a nuestros hermanos.

Concédenos ser constructores de tu reino, para que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza
      y abunde la justicia y la paz en toda la tierra.

Haz que sepamos descubrir la bondad y hermosura de tu creación,
      para que su belleza se haga alabanza en nuestros labios.

Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos y los marginados,
      y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Impulsados por el Espíritu que nos hace clamar: «¡Padre!», invoquemos a nuestro Dios: Padre nuestro.

Oración

Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

hora intermedia


V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria.

HIMNO

Tercia

Amigo de los hombres, Jesucristo,
tú solo das sentido a nuestra historia,
y, con los ojos fijos al futuro,
la Iglesia vive fiel a tu memoria.

Este tiempo de ayuno te presenta
de nosotros la parte más oscura,
y tus manos clavadas al madero
nos devuelven tu paz y tu ternura.

A lo largo del día no nos dejes,
no nos falte la luz de tu mirada:
llena de amor los pasos que caminan
de este mundo a la luz de tu alborada. Amén.

O bien:

Como el fuego calcina
la madera reseca,
cuando el pecado nos domina,
Espíritu de Dios,
purifícanos.

Como el río derrama
por la tierra sus aguas
y hay flor y fruto en la rama,
Espíritu de Dios,
vivifícanos.

Como tu fuerte viento
hizo en el mar camino,
cuando haya duda y desaliento,
Espíritu de Dios,
ayúdanos.

Luz, Amor, Viento, Fuego,
los caminos de éxodo
enseña al hombre pobre y ciego.
Espíritu de Dios,
condúcenos. Amén.

Sexta

Jesús, contigo iremos al desierto
en medio de la villa populosa,
y tú nos brindarás el pan sabroso
que alimentó tu alma silenciosa

Contigo pasaremos el mar Rojo,
beberemos el agua de la roca;
tú serás el pastor y, en la montaña,
tú serás nuestra gracia esplendorosa.

Contigo humildemente hasta el Calvario,
contigo por la vía dolorosa,
y al final, oh Jesús, por tu promesa,
contigo viviremos en tu gloria. Amén.

O bien:

Por el pecado primero
entró la muerte a la vida,
y la muerte fue vencida
por la vida del Cordero.

El Padre lo hizo pecado
para salvar al caído;
el que nunca había sufrido
se quiso crucificado.

La humanidad pecadora
está bien representada,
mas la culpa fue lavada
por la sangre redentora. Amén.

Nona

Ojos de aquel publicano
hasta la tierra caídos,
el Dios de la luz os mira,
miradle con regocijo.

Mano que pide clemencia
hiriendo el pecho contrito,
el Señor te abre la puerta
de su pecho compasivo.

Lengua que en bajo murmullo,
dices tu dolor sentido,
el Juez que sabe juzgar
ha escuchado complacido.

Padre del octavo día,
glorioso siendo propicio,
perdónanos, purifícanos,
por el honor de tu Hijo. Amén.

O bien:

Cada tarde se nos van los días,
y cada tarde el tiempo pasa;
se acaba nuestra vida cada tarde
y miramos la muerte más cercana.

Déjame todavía gozar el milagro
de tu luz, de tu sol, de tus albas;
déjame gozar el milagro de sentirme vivo
y de nacer para ti cada mañana.

Déjame, Señor, gozar de tu milagro
al llegar una vez más la tarde mansa,
porque tú eres el Dios de nuestras horas,
el Dios oculto de nuestra esperanza. Amén. 

SALMODIA

Tercia: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.
Sexta: “Por mi vida dice el Señor, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.”
Nona: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.

Salmo 118, 41-48
 
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu palabra;
no quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.
 
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los reyes,
y no me avergonzaré.
 
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis manos hacia ti
recitando tus mandatos.
 
 
Salmo 39, 2-14. 17-18
ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE AUXILIO

No quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo. (Hb 10, 5)

I
 
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
 
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.
 
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
 
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo número.
 
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
 
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
 
 
II
 
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
 
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.
 
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin cuento.
 
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
 
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor», 
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.

Tercia: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.
Sexta: “Por mi vida dice el Señor, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.”
Nona: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.

LECTURA BREVE

Tercia     Sb 11, 24-25a

Señor, tú te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces.

V. Señor, crea en mí un corazón puro. 
R. Renuévame por dentro con espíritu firme. 

La oración conclusiva como en las Laudes. 

Sexta     Ez 18, 23

“¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor- y no que se convierta de su conducta y viva?”

V. Aparta de mi pecado tu vista. 
R. Borra en mí toda culpa. 

La oración conclusivo como en las Laudes.

Nona     Is 58, 7

Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.

V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

La oración conclusiva como en las Laudes.

CONCLUSIÓN

Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Vísperas

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria.

HIMNO

Ésta es la hora para el buen amigo,
llena de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.

Hora en que el corazón encuentra abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.

Hora en que arrullas, Cristo, nuestra vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos convida.

Hora en que un ángel roza nuestra frente
y en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente. Amén.

SALMODIA

Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY

¡Llega el esposo, salid a recibirlo! (Mt 25, 6)

I

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.

Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.

II

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.

Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico     Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, 
que nos ha bendecido en la persona de Cristo 
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados 
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE     Rm 12, 1-2

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

RESPONSORIO BREVE

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: «No juzguéis y no seréis juzgados; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros», dice el Señor.

Cántico de la Santísima Virgen María     Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Ant.: «No juzguéis y no seréis juzgados; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros», dice el Señor.

PRECES

Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que por la palabra de su Hijo prometió escuchar la oración de los que se reúnen en su nombre, y, confiados en esta promesa, supliquémosle, diciendo:

      Escucha a tu pueblo, Señor.

Señor, tú que en la montaña del Sinaí diste a conocer tu ley por medio de Moisés y la perfeccionaste luego por Cristo,
      haz que todos los hombres descubran que tienen esta ley inscrita en el corazón y que la deben guardar para hacer efectiva la alianza que has hecho con ellos.

Concede a los superiores fraternal solicitud hacia los que les han sido confiados,
      y a los súbditos espíritu de obediente colaboración.

Fortalece el espíritu y el corazón de los misioneros
      y suscita en todas partes colaboradores de su obra.

Que los niños crezcan en gracia y en edad,
      y que los jóvenes se abran con sinceridad a tu amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Acuérdate de nuestros hermanos que ya duermen el sueño de la paz
      y dales parte en la vida eterna.

Digamos a nuestro Padre, juntamente con Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.

Oración

Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amen

Completas

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.

HIMNO

Cuando llegó el instante de tu muerte
inclinaste la frente hacia la tierra,
como todos los mortales;
mas no eras tú el hombre derribado,
sino el Hijo que muerto nos contempla.

Cuando me llegue el tránsito esperado
y siga sin retorno por mi senda,
como todos los mortales,
el sueño de tu rostro será lumbre
y tu gloria mi gloria venidera.

El silencio sagrado de la noche
tu paz y tu venida nos recuerdan,
Cristo, luz de los mortales;
acepta nuestro sueño necesario
como secreto amor que a ti se llega. Amén.

O bien:

Tú, a quien he buscado, Señor,
en este día,
a quien he escuchado,
dame el reposo de esta noche.

Tú, a quien he cantado, Señor,
en este día,
a quien he orado,
dame el reposo de esta noche.

Tú, a quien yo he negado, Señor,
en este día,
a quien he amado,
dame el reposo de esta noche. Amén.

SALMODIA

Ant.: Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES

Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras luchas. (2 Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Ant.: Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

LECTURA BREVE     1Ts 5, 9-10

Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Cántico de Simeón     Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Oración

Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.

CONCLUSIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda un noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

I

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella de mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

II

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

III

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
 
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
 
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
 
IV

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

Tomo II. Liturgia de las Horas

Según el Rito Romano

Fuente: www.curas.com.ar

 

Santoral del 16 de marzo: San Clemente Hofbauer


Santoral del 16 de marzo: San Clemente Hofbauer
(año 1820).

Clemente fue el noveno de los 12 hijos de un carnicero. Nació en Moravia, Austria, en 1751.

A los siete años muere su padre. Después del funeral, la mamá le presenta un crucifijo y le dice: “Jesucristo será tu padre. Debes tener mucho cuidado para no ofenderlo con pecados”.

Vocación contrariada: quiere ser sacerdote. Seis veces lo intenta y las seis veces tiene que desistir. Varias por pobreza, y otras por oposiciones de diversas clases. A los 15 años trabaja como panadero. Se va a colaborar en la panadería de un convento y el superior entusiasmado al ver su gran heroísmo por ayudar a los necesitados, lo ayuda a estudiar para el sacerdocio. Pero muere el superior y el joven estudiante queda otra vez desamparado.

Un encuentro providencial.

A los 30 años un día ve que dos señoras en pleno aguacero están necesitando una carroza para dirigirse a su casa, y él se ofrece para ir a conseguirla. Y este favor muy oportuno lo llevó a realizar el deseo de su corazón, pues las dos señoras que eran muy ricas, al saber que él deseaba ser sacerdote pero que no tenía con qué costearse los estudios, se encargaron de correr ellas con los gastos de su seminario. Y así a los 34 años llegó al sacerdocio.

Enseguida se fue a Roma y allá supo que había una comunidad religiosa recién fundada y sumamente fervorosa: los Padres Redentoristas. Pidió ser admitido allí, y el mismo fundador, San Alfonso de Ligorio, lo recibió muy gozoso. Y sucederá que más tarde a San Clemente lo llamarán “El segundo Fundador de los Redentoristas”, porque será él quien extenderá esa Congregación por el norte de Europa.

El padre Clemente fue enviado por sus superiores a Varsovia, la capital de Polonia, y allí empezó a conseguir éxitos admirables. El templo que le asignaron se llenaba cinco veces por día (y su capacidad es de mil personas). Las ceremonias y el culto eran tan atrayentes y solemnes, que hasta los no creyentes asistían con gusto. Cada día se predicaba allí cinco veces: tres en polaco y dos en alemán. Y diariamente se celebraban tres misas solemnes con orquesta.

Los muchos miles de alemanes que había en Varsovia llevaban tiempo sin quién les celebrara y les predicara en Alemán, y hasta estaban asistiendo a centros protestantes. Ahora empezaron a llegar en grandes grupos a las celebraciones del Padre Clemente y de los otros padres redentoristas.

El santo no se negaba a ningún gasto, aunque fuera muy costoso, con tal de que las ceremonias religiosas resultaran lo más solemnes posibles. Y esto atraía muchos fieles y fue la causa de muchísimas conversiones.

Aunque eran tiempos en que los herejes jansenistas andaban diciendo a todos que nadie debía comulgar más de una vez por año o por mes, sin embargo San Clemente logró que en su templo las comuniones llegaran a 104,000 en un solo año.

Durante nueve años predicó sin cansancio y fueron muchísimos los católicos indiferentes y los protestantes y hasta judíos que se volvieron fervorosos católicos. Y además las vocaciones llegaban en número impresionante.

Las continuas guerras habían dejado a las gentes pobres en la más tremenda miseria. Entonces San Clemente fundó orfanatos para recoger y educar gratuitamente a la juventud desamparada. Uno de 300 varones y otro de 200 niñas.

Un día cuando él pasaba de tienda en tienda buscando ayudas para sus niños pobres, al pedirle limosna a un jugador de cartas en una taberna, éste lo insultó y escupió en la cara. El santo sacó el pañuelo, se limpió y le dijo amablemente: “Caballero: esto fue un obsequio personal para mí. ¿Ahora me quiere obsequiara algo para los pobres del Niño Jesús?” Aquél hombre se sintió confundido y en adelante fue amigo y ayudador del gran apóstol, a quien escogió como confesor y director espiritual.

Napoleón mandó suprimir la Comunidad Redentorista. El padre Clemente fue llevado con sus compañeros redentoristas a la cárcel, sacándolo la policía de su propio templo, mientras estaba confesando. Pero en la cárcel era tanto el gentío que llegaba a pedir consejos y a oír hablar de Dios, que la policía tuvo que soltarlo, para que no convirtiera a tantos pecadores. Fue expulsado del país.

San Clemente vuelve a su patria, Austria, y llega a la capital, en un viaje de muchos días a pie, y después de haber sido apresado varias veces en el camino por los agentes del gobierno. En Viena lo reciben con cuatro días de cárcel, pero luego lo dejan en libertad. Allí trabajará incansablemente los últimos 12 años de su vida.

El Sr. Arzobispo lo nombró capellán de las monjas Ursulinas de Viena. El primer domingo asistieron a su predicación solamente seis personas. Pero al domingo siguiente las monjas ven con admiración que la iglesia está totalmente llena. Su predicación era algo totalmente nuevo para aquella ciudad. Los demás predicaban vaguedades. Clemente habla claramente de la Iglesia Católica no tiene ningún miedo en defenderla. Otros se callan cuando hay que hablar francamente en favor de la Virgen María, del Sumo Pontífice, de la frecuente confesión y de comulgar más frecuentemente. El habla de frente y sin miedos ni rodeos y esto le atrae cada domingo una mayor cantidad de oyentes.

Clemente durante toda su vida de predicador tuvo una cualidad muy especial: hablar con mucha sencillez, como para que lo entendiera el pueblo ignorante. Y esta sencillez agradaba también a los muy instruidos. Así que el grupo más numeroso, entre sus oyentes, después del pueblo humilde, era el de los universitarios, artistas y profesores.

La gente exclamaba al escucharlo: “Parece al hablar, que él hubiera estado allí presente de testigo en el momento en el que sucedieron los hechos de la Biblia que nos va narrando”. Pero lo que más oyentes le atraía no era el gusto de oírle hablar tan sabrosamente, sino el hecho de que los oyentes volvían a su casa transformados. Sus sermones no los dejaban en paz con sus pecados ni les permitían quedarse paralizados en su ascenso hacia la santidad. Cada sermón que se le escuchaba a San Clemente era como una oleada de fervor que inundaba el alma.

Una señora le dijo un día escandalizada: ¿Uf, qué diría la gente si yo, la esposa de semejante señor tan conocido, me dedicara a comulgar frecuentemente? Y el santo le respondió: “Piense más bien, ¿qué diría la gente si Ud., la esposa de un señor tan conocido, se condena eternamente?. Y esa respuesta la hizo estremecer y cambiar.

Los enemigos y los envidiosos acusaron al Padre Clemente de ser demasiado amigo del Sumo Pontífice en sus sermones. A su predicación nunca faltaba un numeroso grupo de policías y detectives enviados por el gobierno. Unos se convertían pero otros lo acusaban. Y entonces llegó el decreto que mucho lo iba a hacer sufrir. Se le prohibía predicar. Querían expulsarlo del país, pero el Papa y el Arzobispo intercedieron ante el emperador, y éste, en una entrevista privada, le prometió al santo que no permitiría su expulsión.

Entonces se cumplió lo que San Clemente repetía muy frecuentemente: “Lo que Dios permite que nos suceda, aunque a nosotros nos parezca que es para nuestro mal, a fin resulta ser para nuestro bien”. Su expulsión de Polonia sirvió para que llegara a ser el gran apóstol de Viena. Y la prohibición de predicar sirvió para que se dedicara con gran provecho a confesar, y a atender a los enfermos. Esto no se lo podían prohibir y aquí obtuvo prodigios.

Su confesionario llegó a ser una fuente de influencia tan poderosa en muchísimos penitentes, que fue llamado “El Apóstol de Viena”. Horas y horas pasaba en su confesionario absolviendo e impartiendo dirección espiritual. Y hasta personas que ocupaban altos puestos llegaban a ser dirigidos por él. La ciudad de Viena y su Universidad recibieron su benéfico influjo que las fue transformando.

San Clemente visitó más de 2000 moribundos. Cada noche lo veían envuelto en un manto negro y con una linterna en la mano recorriendo aun los más lejanos barrios para visitar, consolar, confesar y ayudar a bien morir a cuanto enfermo lograba encontrar. Repetía frecuentemente: “Si desde mi habitación hasta la habitación del enfermo alcanzo a rezar un rosario, ya puedo estar seguro de que se confesará, comulgará y terminará santamente sus días”. Un día las monjas lo ven muy preocupado buscando algo que se le ha perdido. “Busco mi arma de combate. Busco la llave que abre todas las puertas”. Al fin una monjita le dice: ¡Yo me encontré esta camándula! Y el santo le responde: “Gracias, gracias: esa es el arma que me consigue victorias, mi Rosario!

Un caso raro. Un día ante un moribundo que se negaba a confesarse y a comulgar, se quedó de pie frente a él y le dijo: “Voy a mirar cómo es que se muere uno que se va a condenar”. El enfermo se impresionó al morir esto y arregló los problemas de su alma y recibió los sacramentos y murió con señales de arrepentimiento y fervor.

Una de sus mayores y más fuertes maneras de influir en Viena fue la de haber fundado un colegio católico. Ahí formó muchísimos líderes que después supieron defender nuestra religión en el parlamento, en la prensa y el gobierno.

Clemente reunía universitarios, artistas y gentes influyentes y les daba instrucción religiosa. Los entusiasmaba con el rezo del rosario y los animaba a hacer apostolado, cada uno en el medio donde vivía. Esto produjo un despertar religioso en toda la ciudad. Varios de sus discípulos fundaron periódicos católicos, otros se oponían fuertemente en la universidad a los que atacaban a la religión católica y buen número de ellos fue formando un partido católico que más tarde será una fuerza poderosa que defenderá la religión.

Un escritor llegó a decir: “Los tres que más han influido últimamente en nuestra patria son: El emperador Napoleón, el poeta Goethe y el padre Clemente”.

Los enemigos obtuvieron que el gobierno dictara orden de destierro. Clemente aguarda y se niega a cumplir inmediatamente la tal orden tan injusta. Pero en ese tiempo el emperador va a visitar a Roma y el Santo Padre, el Papa, le habla de tal manera en favor del santo que de Italia llega luego una orden imperial mandando que no se cumpla el decreto de destierro.

Y el quince de marzo de 1820, nuestro santo entrega su alma a Dios. Deja 32 novicios en su Congregación. Al día siguiente de su muerte, el 16 de marzo, el día de su entierro, llega la orden del emperador aprobando que en Austria se extienda la Comunidad de Redentoristas. Se cumple así lo que el santo había anunciado: “Tengamos paciencia y confianza en Dios, que después de mi muerte, la Congregación se extenderá por nuestra nación”. Y así sucedió.

San Clemente apóstol: Ayúdanos a formar muchos apóstoles seglares que defiendan y extiendan nuestra santa religión.

Fuente: http://www.es.catholic.net

 

Meditación: Mt 17, 1-9: Segundo Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 16 de marzo, 2014.


Meditación: Mt 17, 1-9: Segundo Domingo de Cuaresma.  Ciclo A. 16 de marzo, 2014.

«Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los llevó a ellos solos a un monte alto, y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor; qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle. Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor Entonces se acercó Jesús y los tocó diciendo: Levantaos y no temáis. Al alzar sus ojos no vieron a nadie sino sólo a Jesús. Mientras bajaban del monte Jesús les ordenó: A nadie contéis la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.» (Mt 17, 1-9)

 

1º.: Jesús, hoy muestras un poco tu divinidad a tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan.

Sabes que, en poco tiempo, van a sufrir la prueba de tu muerte en la Cruz y quieres fortalecer a los que luego serán las columnas de la Iglesia.

Ellos ven con sus ojos tu resplandor y oyen con sus oídos la voz de Dios que les dice: «Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.»

«Tú te has transfigurado en la montaña, y en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre». (CEC.- 555).

Ante esta manifestación de tu divinidad, Pedro no tiene otra posible salida que decir: «Señor, qué bien estamos aquí»

¿Qué he de hacer para mantener esta situación que me llena por completo?

Quiere hacer tres tiendas y ni se acuerda de él mismo.

Tal ha sido su fascinación ante tu divinidad.

En cambio, Jesús, ¿por qué a mí me dejas tan a oscuras?

¿Por qué no te manifiestas abiertamente como hiciste con los apóstoles para que te ame más y mi fe sea más fuerte?

Esta pregunta ya te la hizo San Judas en la última cena: «¿qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?» (Juan 14, 22)..

¿Por qué no muestras claramente al mundo que eres Dios?

«Todos percibís en vuestras almas una alegría inmensa, al considerar la santa Humanidad de Nuestro Señor: un Rey con corazón de carne, como el nuestro; que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor; mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas» (Es Cristo que pasa.- 179).

Jesús, Tú no te impones dominando, porque de este modo no te amaría realmente, sino que te obedecería por obligación.

Tú prefieres mendigar un poco de amor; mostrándonos, en silencio, tus manos llagadas.

No quieres manifestarte en toda tu gloria, sino siempre de modo velado, como en silencio.

Por eso, mientras que la Cruz es un espectáculo público, reservas la transfiguración y la resurrección estrictamente para aquellos que van a necesitar esas gracias especiales.

Sólo así respetas mi libertad para que pueda amarte, porque amor sin libertad no es amor.

A estos tres apóstoles les enseñas un poco más tu gloria porque les vas a pedir mucho más, porque van a sufrir mucho por Ti.

Y también te muestras resucitado a los demás apóstoles, pero ya dejas claro al apóstol Tomás: «Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído» (Juan 20, 28).

Jesús, entiendo que estés escondido en la Eucaristía.

Desde allí, en silencio, mendigas un poco de amor.

No quieres obligarme a seguirte.

«Bienaventurados los que sin haber visto han creído:» ese amor que, por la fe, te demuestro en la Eucaristía, vale mucho más que la obediencia obligada de todo el universo material.

Jesús, quiero acompañarte en el sagrario, esa «cárcel de amor» donde permaneces oculto pero cerca, para que pueda amarte libremente.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Fuente: www.almudi.org