Meditación: Mateo 7,7-12. Jueves Primera Semana de Cuaresma. Ciclo A. 13 de marzo, 2014.


Meditación: Mateo 7,7-12. Jueves Primera Semana de Cuaresma. Ciclo A. 13 de marzo, 2014.

 

El núcleo de la oración cristiana es la confianza en Dios

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas» (Mateo 7,7-12).

 

1. Jesús nos anima a rezar como niños a su padre: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Nos anima a rezar, y Dios, que es profundamente bueno, desea “dar” cosas buenas a sus hijos que se lo pidan, con una confianza total. Sabemos que Dios ya sabe lo que tenemos necesidad, y por eso a veces nos preguntamos si hemos de pedir o solo darle gracias y adorarle. Si nos hacemos pequeños, vemos que también la oración tiene otros dos fines: pedir perdón y petición de cosas. Son también los cuatro fines de la Misa. Hay algo en el templo de nuestra alma, que se hace grande cuando vivimos la oración en una u otra forma, según están recogidas en el Padrenuestro, y a veces haremos más petición y otras más actos de abandono en su providencia amorosa. Es un misterio el modo en que Dios nos concede siempre lo que le pedimos, porque nos lo da muchas veces de un modo diverso, que no entendemos, pero sabemos que es bueno y lo que nos conviene. No podemos entender a Dios y meterlo en nuestra pobre cabeza, como dice aquella canción: “deja que Dios haga de Dios, tú adórale…”; hemos de aprender a ser humildes y pedir como hacen los niños. Un Dios que no pudiera hacer milagros no sería Dios… si Dios es amor, ¿por qué parece que deja que nos haga daño la vida? Parece que verdad y amor no coincidan. Cabeza y corazón se contraponen, pero la inteligencia y el amor se funden en la oración, y entonces descubrimos que no hay más verdad que la que es amorosa ni más amor que el verdadero… y que esta es la verdad que nos da libertad… en la oración descubrimos la profunda unidad entre verdad, amor y libertad, que fundan todo acto humano y divino.

-“Porque quien pide recibe. Quien busca halla. A quien llama se le abre”. A veces dudo, porque ¡hay tantas plegarias aparentemente no atendidas! Quizá rezamos mal, quizá nos falta confianza y verdadera familiaridad con Dios. Sé que nos atiendes, Señor, pero no en lo que te pedimos exactamente. Y no entiendo. Pero me fío. Además, todos tenemos experiencia: yo te pedía “una” cosa precisa, y no la recibí… pero recibí de ti y de mi propia oración, una gran paz, una inmensa aceptación interior. He sido yo el que he cambiado por mi oración. ¿Es así como acoges nuestras súplicas, Señor?

 -“¿Quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan, le da una piedra o si le pide un pez, le da una serpiente?” No se le ocurrirá a un padre darle una piedra o una serpiente al hijo. Esta experiencia de amor paterno o materno puede hacerme comprender que ciertas plegarias no sean atendidas, aparentemente. Aunque puedo ponerme la pega de que yo no doy siempre lo que esperan los demás de mí…

-“Si, pues, vosotros siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las pide!” Todo depende de la bondad y del amor de ti, Señor. Tú nos amas. Eres padre. Eres madre. Quiere darnos cosas buenas. Necesito, quizá, llegar a descubrir que lo que me sienta mal, que no me gusta, mis pruebas y contrariedades… contienen una gracia, y son, de tu mano una “cosa buena” a recibir. Misterio del sufrimiento que agranda a un ser. Misterio de la enfermedad, de la soledad, de la vejez. Todo es aprendizaje.

-“Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos”. He aquí lo que evitaría muchos contratiempos. Que sepa yo encontrar en ello mi alegría (Noel Quesson).

Los mandamientos son sencillamente la explicación concreta de las exigencias del amor. Pero tampoco el amor es una opción arbitraria: el amor es el contenido del ser; el amor es la verdad. La verdad sobre la persona se va mutilando, como ahora se ahoga la corporalidad, se quita la fe de exigencias morales, como si la oración fuera una especie de yoga y estar en un nirvana. Aprendemos a renunciar a nuestros deseos, no eliminándolos sino por la oración integrándolos en la obediencia a lo que Dios quiere, así nos disponemos a desear el bien y nos hacemos buenos hablando con aquel que es la bondad misma. Es un proceso de transformación (Ratzinger). Es lo que pedimos en la colecta: «Concédenos la gracia, Señor, de pensar y practicar siempre el bien, y pues sin ti no podemos ni existir ni ser buenos, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor…»

Lourdes escribió en el blog http://primeroseducadores.blogspot.com/ estas palabras, preciosas que seguro que si nos hacemos “peques” entenderemos: “ayer tarde hice una prueba con mis hijos, yo les recitaba el Padre Nuestro y ellos me explicaban su significado, el resumen es el siguiente:

-“Padre Nuestro”: Mi Papi, Tu Papi.

-“Que estás en el cielo”: Ellos veían con naturalidad que su Papi Dios esté flotando en lo alto de una nube o sentando en una estrella, para ellos no hay nada imposible, sólo hay que imaginarlo porque los niños no sueñan con la mente sino con el corazón, entonces vi como su Papi, tu Papi, mi Papi estaba sentado en la estrella que habita en su corazón.

-“Santificado sea tu nombre”: Aquí se acordaron de que Santificado es eso que nos dice mamá que tenemos que ser de mayores, “Santos”: ¡claro!, su Papi, tu Papi, mi Papi es lo más de lo más, es SANTO y REyyyy -gritaban alborotados porque después venía lo del reinado.

-“Venga a nosotros tu reino”, donde podremos jugar al balón, a la comba y a la Wii.

-“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, eso, jugamos a todos los juegos que nuestro Papi diga porque como es SANTO Y REY se le ocurren los juegos mas divertidos.

-“No nos dejes caer en la tentación”, su Papi no les dejaría meterse en los charcos porque aunque es divertido luego terminamos empapados.

-“Líbranos del mal”, mi Papi me rescatará si viene una inundación (como Spiderman…)

-“AMÉN”, es la mejor respuesta: -“¿que significa Amén?”

-“Mamá, qué va a significar, pues eso: Amén”. (Claro, si está clarísimo… se entiende muy bien…)

La conversación fue bastante más larga y divertida, pero resumido puede quedar así, animo a que hagáis la prueba y vais a ver cómo aprendéis mucho de sus comentarios. A mí me enseñaron que no existe nada mejor que su Papi, tu Papi, mi Papi porque lo puede todo, todo, todo y estar con Él es lo mas divertido”.

Pues eso, nos hemos metido un poco en lo que es el cielo y nuestro Padre, y el corazón de una madre que sabe hacer que sus hijos quieran al padre. El amor lleva a que la madre enseñe a pronunciar “papá” y ella desaparecer, pensar en los demás: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».

2. Ester y su pueblo están en gran peligro. Ester se refugió en el Señor, presa de mortal angustia. La situación del pueblo judío era dramática. Dispersos, perseguidos y despreciados. Ella tenía miedo y rezó así: “Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro”. Está en un “bajón”, sólo ve en ella debilidad y pobreza. Se atreve a mirar su gran pobreza, a reconocerla y a confesarla ¡Soledad! Es uno de los mayores sufrimientos. “Estoy sola”. Esa impresión de no tener muchos amigos, y aun estando cerca de ellos, no poder contarles todo. Esto pasa también en la vida conyugal y familiar: esa dificultad para el intercambio, para la participación sincera. Hay días en los que estamos y nos sentimos «solos», aislados, con el corazón vacío… en los que se tiene la impresión de no ser comprendido. ¿Hay que aceptarlo, y nada más? o bien, como Ester, ¿ir a Dios y expansionarse con Él? A los estoicos y a los fuertes esto puede parecer una debilidad supletoria. Señor, yo no pretendo ser fuerte, quiero saber solamente que Tú sí me escuchas y me comprendes. ¡Sería una lástima que yo me mantuviera dándole vueltas a mis penas en lugar de vaciarlas en tu corazón y liberarme de ellas en lo posible!

“Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la pena, y dame valor, Señor… Pon en mi boca un discurso acertado… A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo.” Ester es un ejemplo de cómo rezar en la angustia. Decirle a Dios lo que nos pasa: “Estoy sola…”, no tengo amigas… con el corazón vacío… no me siento comprendida. Y ella no sólo acepta esa situación, sino que se sobrepone y reza (Noel Quesson).

-“Dame valor… Pon en mis labios palabras armoniosas”…  Es una plegaria que pide a Dios que “lleguemos a representar nuestro papel”. «Señor, danos fuerza para lograrlo… “Ilumíname, dame el mejor discurso para salir de mi soledad”. Pide saber interpretar ese papel, como tantas personas que les podrían dar el Oscar de mejor actriz, al tener que interpretar papeles duros… Maravilloso ¿verdad?: «¡Dame valor!». Una oración para repetirla a menudo. –“Líbranos, acude en socorro de mí que no tengo a nadie sino a ti, Tú lo sabes todo”. Oración confiada… Totalmente abandonado en las manos del Padre… (Noel Quesson).

3. Y cuando sale del peligro: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. / Me postraré ante tu santo Templo, y daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. / Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma”.  Queremos estar, como decía la canción del verano 2009, “colgado de tus manos”, Señor, como un niño en el regazo de su madre, para no tener miedo, para sentir el calor de tus caricias. Iré con la Virgen, mi Madre, que es el camino más fácil, ella me enseñará: “Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos!

Llucià Pou Sabaté

 

 Fuente: www.almudi.org

 

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