Meditación: Marcos 9, 41-50. Jueves VII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 27 de febrero, 2014.


Meditación: Marcos 9, 41-50. Jueves VII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 27 de febrero, 2014.

 

Ayudar a los demás es ayudar a Jesús, hacer daño a los demás es hacer daño a Jesús

«Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar. Y si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar manco en la Vida que con las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie te escandaliza, córtatelo: más te vale entrar cojo en la Vida que con los dos pies ser arrojado a la gehena del fuego inextinguible. Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado al fuego del infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque todos serán salados con fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros sal y tened paz unos con otros» (Marcos 9, 41-50).

1. «Cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre no perderá su recompensa.» Es el símbolo del más pequeño servicio que pueda hacerse a alguien: ¡tan solo un vaso de agua. En mi nombre…En razón de pertenecer a Cristo… Jesús subraya la dignidad extraordinaria del “discípulo”: pertenece a Cristo. El más pequeño de los creyentes, el más humilde discípulo de Jesús, ¡representa a Jesucristo! Jesús se identifica con el menor de los cristianos… no será defraudado de su recompensa. Es una verdad sorprendente que Jesús repetirá y desarrollará a lo largo de su discurso sobre el Juicio final (Mt 25,31-45): “Lo que hicisteis con alguno de mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis“… Importancia de los menores gestos. Nada es pequeño. ¡Cuántas ocasiones dejo que se pierdan!

-“Y al que escandalizare a uno de esos pequeñuelos que creen en mí, mucho mejor le fuera que le ataran al cuello una de esas muelas de molino que mueve un asno y ¡le echaran al mar!” Después del consejo “positivo” -dar un vaso de agua-, la puesta en guardia “negativa” -no escandalizar-. Pero de hecho es la misma conducta: ¡la atención a los demás! Descubrimos aquí un nuevo aspecto de Jesús: su violencia interior, su capacidad de vehemencia. Me imagino que no pronunció estas palabras ¡de un modo dulzón y azucarado! Y la imagen que utiliza hace temblar: “¡más le valiera que le echaran al mar atado a una muela de molino!” ¿De quién se trata? ¿Quién es el hombre que merece tal suerte? El que ha arrastrado a otro al pecado.” ¡Señor! ¡Señor! Ten piedad de nosotros.

-“Si tu mano te “escandaliza”, te arrastra al “pecado”, córtatela… Si tu pie te “escandaliza’, córtatelo… Si tu ojo te “escandaliza, arráncatelo…” Lógicamente Jesús no habla de mutilarnos, sino de un sentido espiritual, y tiene toda la fuerza… Sólo Jesús tiene derecho a decir palabras semejantes: Sólo El sabe, verdaderamente, qué es el “pecado”. ¡Es algo muy serio! ¡Es dramático!

-“Mejor te será entrar tuerto al reino de Dios, que con ambos ojos ir a la gehena”. La vida eterna merece todos los sacrificios. Ayúdanos, Señor. ¿Somos capaces de esa elección radical, absoluta? ¡Nuestra libertad no es un juego… para hacer como si…!

Y es tremenda la posibilidad del pecado: «Por salvar al hombre, Señor; mueres en la Cruz; y, sin embargo, por un solo pecado mortal, condenas al hombre a una eternidad infeliz de tormentos…: ¡cuánto te ofende el pecado, y cuánto lo debo odiar!» (san J. Escrivá, Forja 1002).

El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir; del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno” (Catecismo 1861).

Buena es la sal; pero si la sal se hace sosa, ¿con qué se la salará? Tened sal en vosotros y vivid en paz unos con otros”. Marcos ha agrupado aquí una serie de consejos de Jesús sobre la vida fraterna: nada de querellas sobre prelaciones entre vosotros, sed servidores los unos de los otros, dejad a todo el mundo hacer el bien, ayudaros unos a otros, no seáis escándalo para nadie, vivid en paz… Y todo esto, después que les anunciara su propia Pasión: la moral cristiana está, por entero, ligada a Jesús. ¡Si por lo menos en nuestras familias, en nuestras comunidades cristianas se tuvieran esas exigencias profundas! (Noel Quesson).

2. –“No te apoyes en tus riquezas… No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir las pasiones de tu corazón… No digas: «¿Quién podrá dominarme?» porque el Señor te castigará debidamente”. La arrogancia y la suficiencia del hombre que, seguro de sí mismo, se cree invulnerable… es frágil.  Jesús llamará «¡insensato!» a ese hombre que se creía seguro porque sus cosechas habían sido excepcionales y estaba pensando en engrandecer sus graneros.

-“No digas: «Pequé, y ¿qué me ha sucedido?» porque el Señor es paciente. No te sientas tan seguro del perdón que acumules pecado tras pecado”. La peor arrogancia es la del pecador desvergonzado que se ríe de la conversión…

-“No digas: «Su compasión es grande, el Señor perdonará la multitud de mis pecados»” Porque en él hay misericordia pero también cólera y ésta se desahoga en los pecadores. ¿Tengo ese mismo punto de vista tan equilibrado?: el sentido de la compasión y de la misericordia de Dios, que son una llamada a la conversión. El sentido de su justicia y de su condena de todo mal, que son una llamada a la conversión.

-“No tardes en volver al Señor, no lo difieras de día en día”. Más condenable que el pecado es endurecerse en él, rehusar reconocerlo y remitir día a día la confesión de ese mal. En efecto, el presuntuoso que no quiere reconocer su fracaso lo transforma en mal definitivo, haciendo casi imposible la conversión. En cambio, el pecador que reconoce su pobreza y confiesa su falta abre con ello la posibilidad de una nueva partida por el recto camino.¡Envía, Señor, tu Espíritu para que seamos lúcidos! A menudo no sabemos discernir claramente el mal que cometemos.

-“No lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor y perecerás el día del castigo. No nos gusta este lenguaje. Prestamos a Dios sentimientos humanos –ira, etc.- aunque no nos parezca hoy lo más acertado pues las palabras cambian de sentido y también nosotros evolucionamos en la sensibilidad y la comprensión de lo bueno, de lo que es Dios (Noel Quesson).

3. El salmo nos hace decir, por una parte, «dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor». Pero, por otra, nos recuerda que «dichoso el que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, sino que su gozo es la ley del Señor». ¿Queremos ser «paja que arrebata el viento», sin fruto, sin consistencia, o bien «un árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto en sazón»?

Llucià Pou Sabaté

 Fuente: www.almudi.org

 

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