Santoral del 1 de diciembre: San Eloy


Santoral del 1 de diciembre: San Eloy
Orfebre
Año 660

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Eloy (o Eligio, que es lo mismo) significa: “el elegido, el preferido”.

San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII (orfebre es el que labra objetos de plata u oro).

Dios le concedió desde muy pequeño unas grandes cualidades para trabajar con mucho arte el oro y la plata. Nació en el año 588 en Limoges (Francia). Su padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño tenía capacidades excepcionales para el arte y lo puso a aprederlo bajo la dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.

Cuando ya aprendió bien el arte de la orfebrería se fue a París y se hizo amigo del tesorero del rey. Clotario II le encomendó a Eloy que le fabricara un trono adornado con oro y piedras preciosas. Pero con el material recibido el joven artista hizo dos hermosos tronos. El rey quedó admirado de la honradez, de la inteligencia, la habilidad y las otras cualidades de Eloy y lo nombró jefe de la casa de moneda (todavía se conservan monedas de ese tiempo que llevan su nombre).

Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán. La habilidad del artista y su amistad con el monarca hicieron de él un personaje muy conocido en su siglo.

Eloy se propuso no dejarse llevar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte. Y así, aunque vestía muy bien, como alto empleado, sin embargo era muy mortificado en el mirar, comer y hablar. Y era tan generoso con los necesitados que cuando alguien preguntaba: “¿Dónde vive Eloy?”, le respondían: “siga por esta calle, y donde vea una casa rodeada por una muchedumbre de pobres, ahí vive Eloy”.

Un día Clotario le pidió a nuestro santo que como todos los demás empleados jurara fidelidad al rey. Él se negaba porque había leído que Cristo recomendaba: “No juren por nada”. Y además tenía miedo de que de pronto al monarca se le antojara mandarle cosas que fueran contra su conciencia. Al principio el rey se disgustó, pero luego se dio cuenta de que un hombre que tenía una conciencia tan delicada no necesitaba hacer juramentos para portarse bien.

Eloy se propuso ayudar a cuanto esclavo pudiera. Y con el dinero que conseguía pagaba para que les concedieran libertad. Varios de ellos permanecieron ayudándole a él durante toda su vida porque los trataba como un bondadoso padre.

Al santo le llamaba mucho la atención alejarse del gentío a dedicarse a rezar y meditar. Y entonces el nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin, donde fundó un monasterio de hombres. Luego el rey le regaló un terreno en París y allá fundó un monasterio para mujeres. Y a sus religiosos les enseñaba el arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas. Al cercar el terreno que el rey le había regalado en París, se apropió de unos metros más de los concedidos, y al darse cuenta fue donde el monarca a pedirle perdón por ello. El rey exclamó: “Otros me roban kilómetros de terreno y no se les da nada. En cambio este bueno hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más”. Con esto adquirió tan grande aprecio por él que lo nombró embajador para tratar de obtener la paz ante un gobierno vecino que le quería hacer la guerra.

Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. Predicaba constantemente donde quiera que podía. Al principio aquellos bárbaros se burlaban de él, pero su bondad y su santidad los fueron ganando y se fueron convirtiendo. Cada año el día de Pascua bautizaba centenares de ellos. Se conservan 15 sermones suyos, y en ellos ataca fuertemente a la superstición, a la creencia en maleficios, sales, lectura de naipes o de las manos, y recomienda fuertemente dedicar bastante tiempo a la oración, asistir a la Santa Misa y comulgar; hacer cada día la señal de la cruz, rezar frecuentemente el Credo y el Padrenuestro y tener mucha devoción a los santos. Insistía muchísimo en la santificación de las fiestas, en asistir a misa cada domingo y en descansar siempre en el día del Señor. Prohibía trabajar más de dos horas los domingos.

Cuando ya llevaba 19 años gobernando a su diócesis, supo por revelación que se le acercaba la hora de su muerte y comunicó la noticia a su clero. Poco después le llegó una gran fiebre. Convocó a todo el personal que trabajaba en su casa de obispo y se despidió de ellos dándoles las gracias y prometiéndoles orar por cada uno. Todos lloraban fuertemente y esto lo conmovió a él también. Y el 1º. de diciembre del año 660 murió con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.

Fuente: http://www.es.catholic.net

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Meditación; Mateo 24,37-44: I Domingo de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.


Meditación; Mateo 24,37-44: I Domingo de Adviento.  Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.

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«Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». (Mateo 24,37-44)

 

1º. Hijo eterno de Dios, vas a venir al mundo.

Te vas a hacer hombre, como yo.

Te haces como yo para que yo pueda hacerme como Tú: hijo de Dios.

Este es el gran acontecimiento que ha cambiado el rumbo de la historia.

Porque has venido, Jesús, a cambiar los corazones de los hombres, que son los que hacen la historia con sus vilezas y heroísmos.

Hoy empieza el Adviento y, con él, un nuevo año litúrgico: la Iglesia empieza el año con este largo período -cuatro semanas- recordando los siglos en los que Dios fue preparando a su pueblo para tu nacimiento.

Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida» (CEC.-524).

Jesús, en estas semanas de adviento, me pides que me prepare interiormente para recibirte con un corazón limpio y generoso cuando nazcas en Belén.

Debo vigilar para que, cuando llegues, mi corazón no esté ofuscado por los afanes terrenos, por la tentación de la vida fácil y superficial -que no llena-, por el egoísmo de pensar sólo en mis problemas y en mis intereses.

¿Qué debo hacer para estar vigilante?

 

2º. Jesús, la tentación más peligrosa no es la del pecado.

 El pecado se descubre a sí mismo y puede dar lugar al arrepentimiento y a una vida de mayor piedad.

El verdadero peligro es la tibieza: esa actitud mezquina del que no hace nada malo, sin querer comprometerse tampoco a hacer nada bueno.

Esta es una tentación peligrosa, porque no se detecta fácilmente, e incapacita a la persona para amar a Dios.

3º. Te pide Jesús oración… Lo ves claro. -Sin embargo, ¡qué falta de correspondencia! Te cuesta mucho todo: eres como el niño que tiene pereza de aprender a andar. Pero en tu caso, no es sólo pereza. Es también miedo, falta de generosidad» (Forja.-291).

¡Cuántas veces me recomiendas la oración, Jesús!

«Vigilad orando en todo tiempo».

Me lo has enseñado, además, con tu propio ejemplo: haces oración en los momentos más importantes -antes de elegir a los apóstoles, antes de la Pasión-, te pasas noches rezando y, a veces, tienen que venir a buscarte de madrugada a un lugar apartado donde aprovechas la tranquilidad para hacer oración.

Jesús, me doy cuenta de que debo rezar más si quiero estar vigilante, si quiero mejorar de verdad en este tiempo de preparación para tu venida.

Sin embargo, ¡cómo cuesta!

Me siento frente al Sagrario o en mi habitación, o en otro lugar donde me pueda dirigir a Ti con tranquilidad- y ¿qué te digo? ¿qué hago?

Los minutos pasan muy despacio…

Me da pereza, pero tengo que vencerla.

Además, sé que si aprendo a hacer oración, poco a poco me irá costando menos, como ocurre con todo.

También me da un poco de miedo…

Jesús, Tú exiges.

Y cuando empiezo a rezar, me enseñas algunas cosas que debo mejorar.

A veces soy un poco cobarde y prefiero no ver mis defectos.

Pero hoy quiero cambiar; quiero empezar a cambiar, al menos.

Para que cuando nazcas en Belén, encuentres en mi corazón un lugar en el que estés a gusto.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Fuente: www.almudi.org

 

Lectio Divina: I Domingo de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.


Lectio Divina: I Domingo de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.

Estar siempre preparados

Dios puede llegar en cualquier momento

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Mateo 24, 37-44

 

  1.   Oración inicial

 

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo

modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz

de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios

en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía

ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y

resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura,

en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que

sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos

de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los

otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de

justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al

Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

 

2. Lectura

 

a) Clave de lectura:

En la liturgia del primer domingo de Adviento, la Iglesia nos pone delante una parte

del discurso de Jesús sobre el fin del mundo. Adviento significa Venida. Es el tiempo

de la preparación para la venida del Hijo del Hombre en nuestra vida. Jesús nos

exhorta a estar vigilantes. Nos pide estar atentos a los sucesos para descubrir en

ellos la hora de la venida del Hijo del Hombre.

En este principio del Adviento, es importante purificar la mirada y aprender de

nuevo a leer los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios. Y esto, para no ser

sorprendidos, porque Dios puede venir sin avisar, cuando menos lo esperamos.

Para ilustrar cómo deberíamos estar atentos a los acontecimientos, Jesús se apoya

en el episodio del diluvio en tiempos de Noé.

En el curso de la lectura del texto, prestaremos atención a las comparaciones de las

que se sirve Jesús para trasmitir su mensaje.

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura: Mateo 24, 37-39: La venida del Hijo del Hombre será como en los día de Noé

Mateo 24, 40-41: Jesús aplica la comparación a aquellos que lo escuchan

Mateo 24, 42: La conclusión: ¡Vigilad!

Mateo 24, 43-44: La comparación para recomendar la vigilancia

c) El texto:

37

 «Como en los días de Noé, así será la venida

del Hijo del hombre. 38

 Porque como en los días

que precedieron al diluvio, comían, bebían,

tomaban mujer o marido, hasta el día en que

entró Noé en el arca, 39

 y no se dieron cuenta

hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos,

así será también la venida del Hijo del hombre.

40

 Entonces, estarán dos en el campo: uno es

tomado, el otro dejado; 41

 dos mujeres

moliendo en el molino: una es tomada, la otra

dejada.

42

 «Velad, pues, porque no sabéis qué día

vendrá vuestro Señor. 43

 Entendedlo bien: si el

dueño de casa supiese a qué hora de la noche

iba a venir el ladrón, estaría en vela y no

permitiría que le horadasen su casa. 44

 Por eso,

también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá

el Hijo del hombre.

 

3. Un momento de silencio orante

 

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

 

4. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

 

i) ¿Cuál es la parte del texto que te ha llamado más la atención? ¿Por qué?

ii) ¿Dónde, cuándo y porqué Jesús ha pronunciado este discurso?

iii) ¿En qué consiste exactamente la vigilancia a la que nos exhorta Jesús?

iv) “Una persona será tomada y otra será dejada”. ¿Qué quiere enseñar Jesús con

esta afirmación?

v) Al tiempo de Mateo, las comunidades cristianas esperaban la venida del Hijo del

Hombre en cierto modo. Y hoy, ¿cuál es nuestro modo de esperar la venida de

Jesús?

vi) ¿Cuál es, según tu parecer, el centro o la raíz de esta enseñanza de Jesús? 

 

5. Para los que desean profundizar más en el tema

 

a) Contexto del discurso de Jesús:

El Evangelio de Mateo: En el Evangelio de Mateo hay cinco grandes discursos,

como si fuesen una nueva edición de los cinco libros de la Ley de Moisés. El texto

que meditamos en este domingo forma parte del quinto Discurso de esta Nueva

Ley. Cada uno de los cuatro discursos precedentes ilumina un determinado aspecto

del Reino de Dios anunciado por Jesús. El primero: La justicia del Reino es la

condición para entrar en el Reino (Mt del 5 al 7). El segundo: la misión de los

ciudadanos del Reino (Mt 10). El tercero: la presencia misteriosa del Reino en la

vida de la gente (Mt 13). El cuarto: vivir el Reino en comunidad (Mt 18). El quinto

Sermón habla de la vigilancia en vista de la venida definitiva del Reino. En este

último discurso, Mateo sigue el esquema de Marcos (cf Mc 13,5-37), pero añade

algunas parábolas que hablan de la necesidad de la vigilancia y del servicio, de la

solidaridad y de la fraternidad.

La espera de la venida del Hijo del Hombre: Al final del primer siglo, las

comunidades vivían en la espera de la venida inmediata de Jesús (1 Tes 5,1-11).

Basándose en algunas frases de Pablo (1 Tes 4,15-18) había personas que dejaron

de trabajar pensando que Jesús estaba ya para llegar (2 Tes 2,1-2; 3,11-12). Ellos

se preguntaban: Cuando venga Jesús ¿seremos levantado como Él al cielo?

¿Seremos tomados o dejados? (cfr Mt 24, 40-41). Había un clima semejante al de

hoy, en el que muchos se preguntan: “Este terrorismo ¿es signo de que se acerca el

fin del mundo? ¿Qué hacer para no ser sorprendidos?” Una respuesta a estas

preguntas y preocupaciones nos vienen de las Palabras de Jesús, que Mateo nos

transmite en el evangelio de este domingo.

b) Comentario del texto:

Mateo 24, 37-39: Jesús compara la venida del Hijo del Hombre a los días del Diluvio

“Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre”. Aquí, para

aclarar su llamada a la vigilancia, Jesús recurre a dos episodios del Antiguo

Testamento: Noé y el Hijo del Hombre. Los “días de Noé” se refieren a la

descripción del Diluvio (Gén 6,5 a 8,14). La imagen del “Hijo del Hombre” viene de

una visión del profeta Daniel (Dan 7,13). En los días de Noé, la mayoría de las

personas vivían sin preocupaciones, sin darse cuenta que en los acontecimientos se

acercaba la hora de Dios. La vida continuaba “ y no se dieron cuenta, hasta que

vino el diluvio y los arrastró a todos”.

Y Jesús concluye: “Así será también la venida el Hijo del hombre”. En la visión de

Daniel, el Hijo del Hombre vendrá de improviso sobre las nubes del cielo y su

venida decretará el fin de los imperios opresores, que no tendrán futuro.

Mateo 24,40-41: Jesús aplica la comparación a los que escuchaban

“Entonces estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado”. Estas frases no

deben ser tomadas literalmente. Es una forma para indicar el destino que las personas recibirán según la justicia de las obras por ellos practicadas. Algunos

serán tomados, o sea, recibirán la salvación y otros no la recibirán. Así sucedió en

el diluvio: “solo tú has sido justo en esta generación (Gen 7,1). Y se salvaron Noé y

su familia.

Mateo 24,42: Jesús aporta la conclusión: ¡Vigilad!

Es Dios el que determina a hora de la venida del Hijo. Pero el tiempo de Dios no se

mide con nuestro reloj o calendario. Para Dios, un día puede ser igual a mil años y

mil años iguales a un día (Si 90,4; 2 Pe 3,8). El tiempo de Dios (kairós) es

independiente de nuestro tiempo (cronos). Nosotros no podemos interferir el

tiempo de Dios, pero debemos estar preparados para el momento en el que la hora

de Dios se hace presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a

mil años.

Mateo 24, 43-44: Comparación: El Hijo del Hombre vendrá cuando menos se

espera

Dios viene cuando menos se espera. Puede suceder que Él venga y la gente no se

dé cuenta de la hora de su llegada. Jesús pide dos cosas: la vigilancia siempre

atenta y al mismo tiempo, la dedicación tranquila de quien está en paz. Esta actitud

es señal de mucha madurez, en la que se mezclan la preocupación vigilante y la

tranquila serenidad. Madurez que consigue combinar la seriedad del momento con

el conocimiento de la relatividad de todo.

c) Ampliando información para poder entender mejor el texto:

¿Cómo vigilar para prepararse? – Nuestro texto va precedido de la parábola de

la higuera (Mt 24,32-33). La higuera era un símbolo del pueblo de Israel (Os 9,10;

Mt 21,18). Cuando pide que se observe a la higuera, Jesús pide observar y analizar

los hechos que están sucediendo. Es como si Jesús nos dijese: “Vosotros debéis

aprended de la higuera a leer los signos de los tiempos y así descubriréis dónde y

cuándo Dios entra en vuestra historia”.

La certeza que nos viene comunicada por Jesús – Jesús nos deja una doble

certeza para orientar nuestro camino en la vida: (1) llegará el fin con seguridad;

(2) ninguno sabe ciertamente ni el día ni la hora del fin del mundo. “ Porque en

cuanto a la hora y al día ninguno lo sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni

tampoco el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). A pesar de todos los cálculos que

puedan hacer los hombres sobre el fin del mundo, ningún cálculo da la certeza. Lo

que da seguridad no es el conocimiento de la hora del fin, sino la Palabra de Jesús

presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (cfr Is 40,

7-8).

¿Cuándo vendrá el fin del mundo? – Cuando la Biblia habla del “fin del Mundo”se

refiere, no al fin del mundo, sino al fin de un mundo: Se refiere al fin de este

mundo, donde reina la injusticia y el poder del mal que amargan la vida. Este

mundo de injusticia tendrá fin y a su puesto vendrá “un cielo nuevo y una tierra

nueva”, anunciados por Isaías (Is 65,15-17) y previsto por el Apocalipsis (Ap 21,1).

Ninguno sabe cuándo ni cómo será el fin de este mundo (Mt 24,36), porque ninguno sabe lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1 Cor 2,9). El

mundo nuevo de la vida sin muerte supera todo, como el árbol supera a su

simiente ( 1 Cor 15,35-38). Los primeros cristianos estaban ansiosos por asistir a

este fin (2 Tes 2,2). Seguían mirando al cielo, esperando la venida de Cristo (Act

1,11). Algunos ya no trabajaban (2 Tes 3,11). Pero, “no nos corresponde a

nosotros conocer los tiempos y momentos que el Padre tiene reservado en virtud de

su poder” (Act 1,7). El único modo de contribuir a la venida del fin “de modo que

puedan llegar los tiempos de la consolación” (Act 3,20), es dar testimonio del

Evangelio en todo lugar, hasta los extremos confines de la tierra (Act 1,8).

 

6. Oración: Salmo 46 (45)

 

“¡Dios está con nosotros! ¡No temamos!”

Dios es nuestro refugio y fortaleza,

socorro en la angustia, siempre a punto.

Por eso no tememos si se altera la tierra,

si los montes vacilan en el fondo del mar,

aunque sus aguas bramen y se agiten,

y su ímpetu sacuda las montañas.

 

¡Un río!

Sus brazos recrean la ciudad de Dios,

santifican la morada del Altísimo.

Dios está en medio de ella, no vacila,

Dios la socorre al despuntar el alba.

Braman las naciones, tiemblan los reinos,

lanza él su voz, la tierra se deshace.

 

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,

nuestro baluarte el Dios de Jacob!

Venid a ver los prodigios de Yahvé,

que llena la tierra de estupor.

 

Detiene las guerras por todo el orbe;

quiebra el arco, rompe la lanza,

prende fuego a los escudos.

«Basta ya, sabed que soy Dios,

excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».

 

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,

nuestro baluarte el Dios de Jacob!

 

7. Oración final

 

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la

voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique

la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como

María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la

Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por

todos los siglos de los siglos. Amén.

 Fuente: www.ocarm.org

LECTURAS DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO A. 1 DE DICIEMBRE, 2013


LECTURAS DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO A. 1 DE DICIEMBRE, 2013

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El Señor reúne a todas las naciones 
en la paz eterna del Reino de Dios

Lectura del libro de Isaías     2, 1-5

Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión, acerca de Judá y de Jerusalén:

Sucederá al fin de los tiempos,
que la montaña de la Casa del Señor
será afianzada sobre la cumbre de las montañas
y se elevará por encima de las colinas.
Todas las naciones afluirán hacia ella
y acudirán pueblos numerosos, que dirán:
«¡Vengan, subamos a la montaña del Señor,
a la Casa del Dios de Jacob!
Él nos instruirá en sus caminos
y caminaremos por sus sendas».
Porque de Sión saldrá la Ley,
y de Jerusalén, la palabra del Señor.
Él será juez entre las naciones
y árbitro de pueblos numerosos.
Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra.
¡Ven, casa de Jacob,
y caminemos a la luz del Señor!

Palabra de Dios.

SALMO     121, 1-2. 4-9

R. Vamos con alegría a la Casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor»!
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén. R.

Allí suben las tribus,
las tribus del Señor
-según es norma en Israel-
para celebrar el nombre del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David. R.

Auguren la paz a Jerusalén:
«¡Vivan seguros los que te aman!
¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!» R.

Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: «La paz esté contigo.»
Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad. R.

La salvación está cerca de nosotros

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     13, 11-14a

Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

ALELUIA     Sal 84, 8

Aleluia.
¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación!
Aleluia.

EVANGELIO

Estad prevenidos para que estéis preparados

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     24, 37-44

En aquél tiempo Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Palabra del Señor.

Comentario

1.- Nuestro mundo necesita una buena dosis de esperanza. Contamos con la providencia de Dios que vela por nosotros, pero espera nuestra colaboración. Hagamos posible la esperanza a los que viven desesperados porque su vida ha dejado de tener sentido. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación. Tenemos por delante una hermosa tarea durante estas cuatro semanas: preparar nuestro interior como si fuera una cuna que va a recibir a Aquél que nos da la vida. El tren de la esperanza va a pasar por delante de nosotros, no lo perdamos, subamos a él y valoremos todo lo bueno que vamos encontrando en nuestro camino. Siendo nosotros también liberadores, justos, alegres y solidarios podremos hacer que todos los que en él viajamos podamos construir la nueva humanidad que tanto anhelamos. Pero seamos profetas de la esperanza, no del desaliento, pues ya estamos cansados de agoreros y necesitamos hombres y mujeres, esperanzados y esperanzadores.

2.- Daos cuenta del momento en que vivís. Los cristianos de Roma estaban adormilados, acomodados, bien situados algunos. Pablo les alerta porque ya va siendo hora de espabilarse. También Pablo nos invita hoy a despertar, a salir de la noche y a caminar a la luz del día. Darse cuenta del momento es caer en la cuenta de que el mundo no es bueno si no es bueno para todos. Pensamos que si yo estoy bien, los demás que se espabilen. Pablo distingue entre la noche y el día, entre el mal y el bien, entre el aturdimiento y la vigilancia. El que obra el mal camina en las tinieblas y está como dormido, pero la esperanza ilumina los pasos del que obra el bien y le mantiene despierto y siempre vigilante. Este es el texto que a Agustín de Hipona le dio la fuerza definitiva para convertirse. Al leerlo brotaron de sus ojos las lágrimas del arrepentimiento. La Palabra de Dios nos interpela como le interpeló a él. Estas palabras de Pablo parece como si estuvieran escritas también para nosotros, que vivimos en unos tiempos de olvido de lo espiritual y de escasez de esperanza. . ¿Qué cosas nos diría hoy S. Pablo, para despertarnos de nuestro sueño y nuestra inconsciencia? He aquí alguna de las cosas que necesitan conversión: la locura del rearme, la locura del derroche, la locura del tener, la locura del paro, la locura de la violencia, la locura de la droga, la locura de la contaminación, la locura de la insolidaridad, la locura de la velocidad, la locura del poder, la locura del vicio…

3.- Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad. El evangelio nos anima a estar alerta. Es una de los lemas del movimiento scout y no está pasado de moda….Significa que hay que estar siempre disponible. Cuando menos lo esperaban los hombres, llegó la catástrofe del diluvio universal. Jesús les recordó esto a sus contemporáneos y hoy nos lo recuerda a nosotros. No se trata de atemorizarnos con nuevos cataclismos, como pronostican las armas atómicas o el agujero de ozono. El Evangelio no es una amenaza, sino una buena noticia. Pero tampoco Jesús espera de nosotros que perdamos la vida vegetando, trabajando, ganando dinero, gastándolo, y vuelta a empezar. Dios llama hoy nuestra atención para sacarnos del aburrimiento, de la indiferencia ante el hambre, la pobreza, la injusticia y los sufrimientos de los demás. Quiere que nos responsabilicemos y tomemos conciencia, quiere que estemos alerta. Una segunda exigencia del evangelio de hoy es la acción. El reino de Dios, la justicia y la igualdad, el bienestar de todos, no es una lotería, sino el resultado de la acción de todos y de la solidaridad de todos. Hay que vigilar y analizar, diseñar y proyectar antes de pasar a la acción, para que ésta sea eficaz. No debemos radicalizar posturas diciendo que todo está mal. Hay que discernir el bien del mal, conservar lo que beneficia a todos y redunda en el bienestar de todos; pero habrá que modificar y cambiar lo que sólo favorece a unos pocos. El adviento, este adviento, y todos, pues siempre es adviento para el creyente, ha de ayudarnos a ver cómo esa esperanza del reino de Dios se va ya realizando en cada una de las esperanzas y de los logros humanos. Debe comprometernos en esa tarea común, con todos los hombres de buena voluntad. Todavía queda mucho por hacer. Todavía tenemos una gran esperanza, otro mundo es posible. Como escribió San Agustín, “Nosotros somos los tiempos y juntos podemos hacer tiempos mejores”.

Por José María Martín OSA

Fuente Lecturas: Leccionario III

http://www.betania.es  (Comentario)

Evangelio Domingo I de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.


Evangelio Domingo I de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre, 2013.

Santo del Día:. San Eloy, Patrón de los Orfebres
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     23, 35-43
Gloria a ti Señor    

  
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     24, 37-44

En aquél tiempo Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Palabra del Señor.

Comentario

Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad. El evangelio nos anima a estar alerta. Es una de los lemas del movimiento scout y no está pasado de moda….Significa que hay que estar siempre disponible. Cuando menos lo esperaban los hombres, llegó la catástrofe del diluvio universal. Jesús les recordó esto a sus contemporáneos y hoy nos lo recuerda a nosotros. No se trata de atemorizarnos con nuevos cataclismos, como pronostican las armas atómicas o el agujero de ozono. El Evangelio no es una amenaza, sino una buena noticia. Pero tampoco Jesús espera de nosotros que perdamos la vida vegetando, trabajando, ganando dinero, gastándolo, y vuelta a empezar. Dios llama hoy nuestra atención para sacarnos del aburrimiento, de la indiferencia ante el hambre, la pobreza, la injusticia y los sufrimientos de los demás. Quiere que nos responsabilicemos y tomemos conciencia, quiere que estemos alerta. Una segunda exigencia del evangelio de hoy es la acción. El reino de Dios, la justicia y la igualdad, el bienestar de todos, no es una lotería, sino el resultado de la acción de todos y de la solidaridad de todos. Hay que vigilar y analizar, diseñar y proyectar antes de pasar a la acción, para que ésta sea eficaz. No debemos radicalizar posturas diciendo que todo está mal. Hay que discernir el bien del mal, conservar lo que beneficia a todos y redunda en el bienestar de todos; pero habrá que modificar y cambiar lo que sólo favorece a unos pocos. El adviento, este adviento, y todos, pues siempre es adviento para el creyente, ha de ayudarnos a ver cómo esa esperanza del reino de Dios se va ya realizando en cada una de las esperanzas y de los logros humanos. Debe comprometernos en esa tarea común, con todos los hombres de buena voluntad. Todavía queda mucho por hacer. Todavía tenemos una gran esperanza, otro mundo es posible. Como escribió San Agustín, “Nosotros somos los tiempos y juntos podemos hacer tiempos mejores”.

Fuente Lecturas: Leccionario III

http://www.betania.es  (Comentario)

Fuente Lecturas: Leccionario III

http://www.betania.es  (Comentario)

 

 

Santoral del 30 de noviembre: San Andrés, Apóstol


Santoral del 30 de noviembre: San Andrés
Apóstol
Siglo I

« 
Dichoso tú, querido apóstol Andrés, que tuviste 
la suerte de ser el primero de los apóstoles en encontrar 
a Jesús. Pídele a Él que nosotros le seamos totalmente 
fieles en todo, hasta la muerte. »   

Imagen

San Andrés (cuyo nombre significa “varonil”) nació en Betsaida, población de Galilea, situada a orillas del lago Genesaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano de Simón Pedro. La familia tenía una casa en Cafarnaum, y en ella se hospedaba Jesús cuando predicaba en esta ciudad.

Andrés tiene el honor de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: “He ahí el cordero de Dios”. Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús (junto con Juan Evangelista), Jesús se volvió y les dijo: “¿Qué buscan?”. Ellos le dijeron: “Señor: ¿dónde vives?”. Jesús les respondió: “Venga y verán”. Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nuca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: “Vengan y verán”. Esa llamada cambió su vida para siempre.

Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Salvador del mundo” y lo llevó a donde Jesús. Así le consiguió a Cristo un formidable amigo, el gran San Pedro.

Al principio Andrés y Simón no iban con Jesús continuamente sino que acudían a escucharle siempre que podían, y luego regresaban a sus labores de pesca. Pero cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Andrés y a Simón remendando sus redes y les dijo: “Vengan y me siguen”, y ellos dejando a sus familias y a sus negocios y a sus redes, se fueron definitivamente con Jesús. Después de la pesca milagrosa, Cristo les dijo: “De ahora en adelante serán pescadores de almas”.

El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones. Vivió junto a Él por tres años.

En el día de Pentecostés, Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.

Un escrito que data del siglo III, el “Fragmento de Muratori” dice: “Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el Cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al apóstol San Andrés, el cual le dijo: ‘Debe escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escriba’”.

Una tradición muy antigua cuenta que el apóstol Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Que lo amarraron a una cruz en forma de X y que allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: “Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo”.

La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio cruel de Nerón.

Fuente: http://www.ewtn.com/espanol

Meditación Lucas 21,34-36.: Sábado XXXIV Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 30 de noviembre, 2013.


Meditación Lucas 21,34-36.: Sábado XXXIV Semana Tiempo Ordinario.  Ciclo C. 30 de noviembre, 2013.

El Señor nos pide vigilancia: “Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir”. Ya a las puertas del Adviento, clamamos: “¡ven, Señor Jesús!”

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre»” (Lucas 21,34-36).

1. Jesús, acabas de anunciar la «venida del Hijo del hombre» sobre las nubes del cielo… Acabas de decir que el «Reino de Dios está cerca», y añades hoy:

-“Andaos con cuidado que no se os embote la mente ni el corazón…” Nos hablas de esperanza y de confianza, y ahora de vigilancia.

-“Que no os entorpezcan la comida, ni la bebida, ni los agobios de la vida”. Sabemos que un excesivo apego a los placeres, ¡entorpece la mente y el corazón! Cuando buscamos disfrutar con exceso de esta vida, nos olvidamos de «aquel día».

-“Y venga aquel día de improviso sobre nosotros como un lazo. Porque caerá sobre todos los que habitan la faz de la tierra”. El «día» del juicio viene de improviso. Cada segundo mueren algunos… sobre toda la tierra mueren tantos… No sé cuantos segundos me quedan. El juicio que cayó sobre Jerusalén debe servirnos de advertencia. Es el símbolo del juicio que caerá sobre la tierra entera.

-“Velad pues, y orad… en todo momento”. Sí, Jesús, Tú aconsejabas a tus amigos que no cesasen jamás de «orar». Y san Pablo lo repetía a sus fieles (2 Ts 1,11; Flp 1,4; Rm 1,10; Col 1,3; Filemón, 4). «Pedimos continuamente… En la oración que sin cesar le dirigimos… Continuamente te menciono en mis oraciones…» Hay que repetirse a sí mismo esos consejos apremiantes de Jesús: esperanza… confianza… certeza… vigilancia… sobriedad… disponibilidad… oración… puesto que nadie sabe la hora.

-“Para tener fuerza para escapar de todo lo que va a venir…” Esta es la señal de que «aquel día» hay que unir la confianza, el gozo, la esperanza… con trabajo, pues no hay una seguridad engañosa. Hay que estar alerta, un peligro amenaza, hay que estar a punto de escapar.

-“Y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre”. Señor, te veo «sentado a la diestra de Dios», como Hijo del Hombre que tendrás la última palabra. Te pido ayuda para velar y orar… para estar ante ti con la confianza en tu misericordia. ¡Ven, Señor! (Noel Quesson).

Enseña el Catecismo: “Siguiendo a los profetas, y a Juan Bautista, Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios. La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino. Jesús dirá en el último día: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mime lo hicisteis”»” (678).

Te digo ahora con la misa: “anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús”. Te pedimos que, «ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo» (Rito de la Comunión).

2. Estamos ya en el último día del año litúrgico, con la última página de la Biblia, de la revelación que Dios quiere hacernos: es la repetición de la primera página, es el nuevo comienzo del «Génesis», el paraíso encontrado de nuevo, el proyecto de Dios realizado al fin, la «vida que discurre como un río»… «el árbol de vida que da sus frutos»… la luz sin ocaso… Adán y Eva, tal como Dios los había querido desde el principio… ¡el éxito de la creación!

-“El ángel me mostró el «río de agua de vida», límpida como el cristal, que brotaba del trono de Dios”. Símbolo claro: ¡«el agua»!, ¡«un río de agua límpida» que da la vida! He ahí lo que proviene de Dios… el gran río de la vida… evoco los millones de billones de billones de seres vivientes que vienen de Dios.

Y el «agua» del bautismo es el signo de Dios, el signo de la «vida de Dios» dada a los hombres. Bautizar a un niño es introducirlo en este gran río vivificante, es meter en su ser, el Ser mismo de Dios. Es vincular, por medio de un nuevo cordón umbilical, ese hatillo de vida humana a la misma sangre y vida de Dios… para que ¡la vida divina quede allí «injertada»! una vida eterna.

-“En cada margen del río hay «árboles de vida» que fructifican doce veces, una vez cada mes”. Todas las bellezas naturales son utilizadas como bellas imágenes para tratar de revelarnos el cielo. Primero el «río de vida», ahora, el «árbol de vida». Recordamos árboles llenos de frutos, según donde hemos vivido: cerezas, manzanas, naranjas, racimos de uvas…

Es el nuevo comienzo del paraíso terrenal, con el árbol de la vida… Jesús, nuevo Adán, nos conduce a él, vuelve a introducirnos en el jardín maravilloso.

-“No habrá más maldición… El trono de Dios y el Cordero estará en la ciudad… Los siervos de Dios le adorarán, verán su rostro y llevarán su nombre en la frente…” He ahí otras imágenes menos materiales que se añaden a las precedentes. Todo esto supera todo comentario. ¡”Estar cara a cara” con Dios! ¡Ver a Dios!

-“Ya no habrá noche, porque el Señor Dios derramará sobre ellos su luz”. Una imagen de alegría.

-“Estas palabras son ciertas y verdaderas… Es el Señor quien inspira a sus profetas y ha enviado a su ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. Mira, ¡vengo pronto! Dichoso el que guarda las palabras proféticas de este libro”. Quiero ver a Dios. ¡Oh! Ven, Señor Jesús (Noel Quesson).

3. El Cordero ante el trono de Dios, ya vencedor, un río de agua viva que brota del trono (el Espíritu Santo), el árbol de la vida que da doce cosechas al año y cuyas hojas son medicinales. Allí no hay noche ni oscuridad, todo es luz, y los salvados por Cristo gozarán de alegría perpetua, y le prestarán servicio, “y lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente”.

Los últimos versículos de este libro del Apocalipsis, que no están en la lectura de hoy, pero sí se han puesto en el salmo, dicen: “El Espíritu y la Novia (el Espíritu presente en la Iglesia, la esposa de Cristo) dicen: ¡Ven! Y el que oiga, diga: ¡ven! Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida… Y el que da testimonio de todo esto (Cristo Jesús) dice: sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén“. Con estas palabras ya tenemos la puerta abierta para celebrar, desde mañana, con igual mirada profética, el Adviento. Nuestra oración y nuestro canto, hoy, es “Maranatha. Ven, Señor Jesús“. Con una perspectiva llena de futuro: “Y lo verán cara a cara“.

Llucià Pou Sabaté

 Fuente: www.almudi.org