Homilias Domingo XXVIII Tiempo Ordinario. Ciclo C. 10 de octubre 2010


1.- AGRADECIDOS

Por José María Martín OSA

1.- Dios no hace distinción de razas ni países. Naamán es un general y ministro del ejército sirio, un hombre de prestigio, acostumbrado al poder y lleno de orgullo. Cuando contrae la lepra, el mundo se le viene encima, pero no se quiere bajar del burro, su orgullo se lo impedía. Ha oído hablar de que en Israel hay un curandero con poderes especiales. El rey de Siria escribe una misiva al rey de Israel para encomendarle la curación de su ministro. La fama del profeta Eliseo como taumaturgo ha traspasado las fronteras. Sin embargo, él nunca se olvidó de su origen campesino, actuando siempre desde humildad. Eliseo le pide a Naamán que se bañe siete veces en el río Jordán. Las aguas de este río tienen un carácter sagrado, purificador. Siglos después en él se bañaban los esenios para ser purificados y en él Juan Bautista practicó su bautismo de conversión. Eliseo, ante la resistencia de Naamán a rebajarse a bañarse en un río de Israel, le demuestra que Dios se inclina ante la fe y la sencillez, no mira el poder ni las dignidades, ni hace distinción de razas o pueblos. Naamán no quería poner en práctica lo que el profeta le había mandado para curarse, porque le parecía demasiado simple; él esperaba algo más complicado, incluso espectacular… ¿Ocurre esto hoy día también? Por fin Naamán accede a la petición de Eliseo, quizá porque no le queda más remedio. Pero hay algo importante que podemos destacar: sabe ser agradecido con Naamán y con el Dios de Israel. No siempre ocurre así…

2.- Aprender a decir gracias. El evangelio nos narra la curación de diez leprosos por Jesús. El concepto de lepra en la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra, tratándose en muchos casos de enfermedades curables de la piel. Jesús, al ver a los diez leprosos, los envía a presentarse a los sacerdotes, cuya función, entre otras, era en principio la de diagnosticar ciertas enfermedades, que, por ser contagiosas, exigían que el enfermo se retirara por un tiempo de la vida pública. Pero en el camino fueron curados… El relato evangélico no termina con la curación de los diez leprosos, pues anota que uno de ellos, precisamente un samaritano, se volvió a Jesús para darle las gracias. Entre samaritanos y judíos –habitantes del centro y sur de Israel, respectivamente– existía una antigua enemistad, una fuerte rivalidad desde hace siglos y que se acentuó después del exilio. La palabra “samaritano” constituía una grave injuria en boca de un judío. En una ocasión llegaron a decir que Jesús era un samaritano o que estás loco. Lo sucedido al leproso del evangelio sentaría muy mal a los judíos. De los diez leprosos, nueve eran judíos y uno samaritano. Éste, cuando vio que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Estar a los pies de Jesús es la postura del discípulo que aprende del maestro. Los otros nueve, que eran judíos, demostraron con su comportamiento el olvido de Dios que tenían y la falta de educación, que impide ser agradecidos. Sólo un samaritano, el oficialmente heterodoxo, el hereje, el excomulgado, el despreciado, el marginado, volvió a dar gracias. Sólo éste pasó a formar parte de la comunidad de seguidores de Jesús; los otros quedaron descalificados. No abunda mucho la oración de agradecimiento como cuenta esta parábola:

“Un alma recién llegada al cielo se encontró con un ángel. El ángel llevó al alma a un recorrido por el cielo. Ambos caminaron paso a paso por unos grandes talleres llenos con otros ángeles. El ángel se detuvo frente a la primera sección y dijo: “Esta es la sección de recibo”.Aquí, todas las peticiones hechas a Dios mediante la oración son recibidas. “El alma miró a la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos ángeles clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de personas de todo el mundo. Ellos siguieron caminando hasta que llegaron a la siguiente sección y el ángel le dijo: “Esta es la sección de empaquetado y entrega”. Aquí, las gracias y bendiciones que la gente pide, son empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron. El alma vio cuán ocupada estaba. Había tantos ángeles trabajando en ella como tantas bendiciones estaban siendo empaquetadas y enviadas a la tierra. Finalmente, en la esquina más lejana del cuarto, el ángel se detuvo en la última sección. Para su sorpresa, sólo un ángel permanecía en ella ocioso haciendo muy poca cosa. “Esta es la sección del agradecimiento” dijo el ángel al alma. “¿Cómo es que hay tan poco trabajo aquí?” – preguntó el alma. “Esto es lo peor”- contestó el ángel. Después que las personas reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento. ¿Cómo uno agradece a las bendiciones de Dios? “Simple” contestó el ángel, “Solo tienes que decir, Gracias Señor”

3.- Acoger a los marginados. Tal vez, los cristianos, estemos demasiado convencidos de que sólo los de dentro, los de la comunidad, los de la parroquia o iglesia somos los que adoptamos los mejores comportamientos. Con frecuencia hay gente mucho mejor fuera de nuestras iglesias. Reconozcamos nuestra lepra espiritual y acudamos a quien puede curarnos, como dice San Agustín: «No perdáis la esperanza. Si estáis enfermos, acercaos a Él y recibid la curación… Los que estáis sanos dadle gracias y los que estáis enfermos corred a Él para que os sane… Retened esto y perseverad en ello. (Sermón 176,6). Hoy debemos hacernos estas preguntas: ¿Tengo personas en el círculo en que me muevo -o más allá- a las que margino o desprecio? Como cristiano, ¿vivo en actitud de acción de gracias por todo lo que he recibido gratis? ¿Quiénes son las personas más pobres y marginadas (los actuales “leprosos”) del entorno en que vivo? ¿Cuál es mi proyección concreta hacia esos desvalidos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.- DE BIEN NACIDOS ES SER AGRADECIDOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Bien nacido, en este caso, es el que es suficientemente humilde y justo para reconocer lo que debe a Dios y a los demás. El que piensa que todas las cosas buenas que él tiene son fruto de su trabajo y esfuerzo, o de su condición social, y que, por tanto, no tiene que agradecer nada ni a Dios ni a los demás, no es, en el contexto en el que ahora nos movemos, un bien nacido. El bien nacido, además, por el mismo hecho de ser humilde y agradecido, está mejor equipado para luchar contra las adversidades propias de cada día. Porque el agradecido y bien nacido se fija más en lo que tiene y en lo que ha recibido, que en lo que le falta y en lo que no le han dado. Hay personas que tienden a fijarse más en lo que les falta que en lo que tienen y así viven habitualmente quejándose y amargados. Evidentemente, no se trata de ser conformistas e ingenuos, pero sí de ser positivos y optimistas. Yo creo que esto es bueno para la salud física, psíquica y espiritual. Podemos sospechar que los nueve leprosos curados que no se pararon a dar las gracias al Maestro actuaron así porque pensaban que ellos merecían ser curados por el mero hecho de ser judíos y, en cambio, el samaritano descubrió la gratuidad de la curación recibida porque él, como samaritano, creía que no merecía ser curado por el judío Jesús de Nazaret. Es bueno, en la vida espiritual, ser conscientes de nuestra intrínseca menesterosidad y de la necesidad que tenemos de la ayuda y de la gracia de Dios. A Dios no le engrandecen nuestras buenas obras, pero el corazón de Dios quiere que nuestro corazón sepa valorar lo que de Él recibimos y seamos agradecidos.

2.- Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor. El sirio Naamán fue suficientemente humilde para reconocer que el Dios de Israel era superior a los otros dioses. Y cuando se vio curado quiso agradecer al profeta Eliseo el don de la curación que había recibido. El profeta Eliseo sabía muy bien que el autor de la curación no había sido él, sino el Dios al que él servía. Por eso prefiere que el general sirio agradezca a Dios y no a él el don de la curación. Es un buen ejemplo para nosotros: el verdadero autor de nuestras buenas obras es Dios que actúa a través de nosotros. Recordando el cántico de la Virgen debemos reconocer que es Dios el que más de una vez hace en nosotros obras grandes. Es bueno que nos alegremos de nuestras buenas obras, pero es justo que sepamos alabar a Dios y ser agradecidos por valerse de nosotros para hacer el bien. El agradecimiento a Dios por todo lo bueno que tenemos y que somos debe ser una actitud constante en nuestra vida cristiana. La oración de agradecimiento es propia de toda persona cristiana bien nacida.

3.- La palabra de Dios no está encadenada. Pablo prefiere sufrir y hasta llevar cadenas por su fidelidad al evangelio, antes que callarse y renunciar a su fe. Esta ha sido la conducta de todos los mártires cristianos en todas las épocas. La sinceridad y la valentía para defender nuestra fe deben ser además un homenaje y un tributo que hacemos a Dios para el bien y para la salvación de los demás. “Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús”. Sin orgullo y sin ostentación, pero con valentía y firmeza es como debemos proclamar diariamente nuestra fe.

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