Lecturas del Martes XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 3 de agosto 2010


Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Jeremías (30, 1-2. 12-15. 18-22)

Estas palabras le fueron dirigidas a Jeremías de parte del Señor: “Esto dice el Señor, Dios de Israel: ‘Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho’ ”.

“Esto dice el Señor:

‘Tu quebranto es irremediable e incurables tus heridas. Estás desahuciado. Hay heridas que tienen curación, pero las tuyas no tienen remedio. Todos tus amantes te han olvidado y ya no preguntan por ti. Como si fuera tu enemigo, te herí y te impuse un cruel castigo por tu gran culpa, por tus enormes pecados.

¿Por qué te quejas de tus heridas? Tu dolor es irremediable. Por tu gran culpa, por tus enormes pecados te he tratado así’ ”.

“Esto dice el Señor: ‘Yo cambiaré la suerte del pueblo de Israel: lo haré volver a su patria; me apiadaré de sus casas, la ciudad será reedificada sobre sus propias ruinas y el templo será reconstruido tal como era. Se escucharán himnos de alabanza y los cantos de un pueblo que se alegra. Y los multiplicaré y ya no serán pocos, los honraré y ya no serán despreciados; sus hijos serán como eran antes, la comunidad que está delante de mí, y yo castigaré a todos sus enemigos.

Un príncipe nacerá de mi pueblo, uno de ellos mismos será su jefe. Yo lo haré acercarse y él vendrá hasta mí; porque, si no, ¿quién se atreverá a acercarse a mí? Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios’ ”.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 101

El Señor es nuestro Dios.

Cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso, cuando oiga el clamor del oprimido y no se muestre a sus plegarias sordo, entonces al Señor temerán todos los pueblos, y su gloria verán los poderosos.

El Señor es nuestro Dios.

Esto se escribirá para el futuro y alabará al Señor el pueblo nuevo, porque el Señor, desde su altura santa, ha mirado a la tierra desde el cielo, para oír los gemidos del cautivo y librar de la muerte al prisionero.

El Señor es nuestro Dios.

Bajo tu protección, Señor, habitarán los hijos de tus siervos y se establecerán sus descendientes.Tu nombre en Sión alabarán por eso, cuando en Jerusalén, a darte culto, se reúnan, Señor, todos los pueblos.

El Señor es nuestro Dios.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (14, 22-36)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro:

“Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”.

Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión

 

El evangelio del Día de hoy nos presenta el grupo de Jesús, ante una situación natural y adversa, una tormenta en mitad del mar, seguramente una situación difícil, pero conocida por estos hombres de pesca, sin embargo son confrontados por la presencia de Jesús, quién les invita a tener confianza en el proyecto que han decidido asumir.

El reencuentro con Jesús, aparece mediado por una acción simbólica, caminar sobre las aguas, mientras los discípulos son sacudidos por la tormenta, él puede caminar sobre las aguas, ir hacía ellos, y calmar la tempestad. Pedro, quien intenta hacer lo mismo, es asaltado por el miedo, la falta de fe y la fuerza de la tormenta. Pedro aún no está preparado para comprender la complejidad del proyecto de Jesús. El maestro camina sobre las aguas, por que domina el mal con la fuerza de la verdad y de la Gracia, es el mundo de la mentira, el egoísmo, las injusticia y la exclusión el que constituye la tormenta que amedrenta y hace perder la fe. Ante ello Jesús se acerca amorosamente y vuelve a convencer al grupo que es la fe en Dios y el compromiso lo que tranquiliza de verdad el alma.

Hoy, acudimos a múltiples formas de tormentas y de vientos en contra; nuestras sociedades están siendo gobernadas por el demonio estructural del mercado, sin ética alguna. Los afanes de lucro, empoderan a unos y generan miedo en otros, hay una mayoría que se muere de hambre y sin quererlo, nos estamos alejando del mandato cristiano, de amar y servir incondicionalmente.

 

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